La política española parece haberse convertido en un tablero de ajedrez donde el Gobierno no solo juega, sino que decide las reglas a su conveniencia. El último movimiento turbio apunta a que Moncloa habría enviado al líder socialista madrileño, Juan Lobato, un documento sobre el novio de Isabel Díaz Ayuso antes de que este llegara a la prensa. Si esto se confirma, estaríamos ante un ejemplo más de lo que muchos ya califican como "la sinvergonzonería socialista".
La política española parece haberse convertido en un tablero de ajedrez donde el Gobierno no solo juega, sino que decide las reglas a su conveniencia. El último movimiento turbio apunta a que Moncloa habría enviado al líder socialista madrileño, Juan Lobato, un documento sobre el novio de Isabel Díaz Ayuso antes de que este llegara a la prensa. Si esto se confirma, estaríamos ante un ejemplo más de lo que muchos ya califican como "la sinvergonzonería socialista".
No es la primera vez que el PSOE juega a embarrar el campo en lugar de disputar el partido. Esta estrategia de filtrar documentos para sembrar dudas personales es tan antigua como despreciable. Cuando no hay argumentos políticos, se busca manchar la imagen del adversario, en este caso, utilizando relaciones personales que poco o nada tienen que ver con la gestión pública. Pero ojo, porque estas maniobras suelen convertirse en un bumerán: lo que va, vuelve.
Los socialistas parecen haber olvidado que esta táctica ya les ha pasado factura antes. El juego sucio puede tener réditos a corto plazo, pero a largo plazo erosiona la credibilidad de quienes lo emplean. La ciudadanía no es tonta y, tarde o temprano, se cansa de estas jugadas de despachos y cloacas. Si Moncloa ha estado detrás de esta filtración, más que debilitar a Ayuso, solo habrán dado más motivos para que sus seguidores se unan en torno a ella.
En una democracia, las ideas deben ser el centro del debate, no las dimes y diretes personales. Este episodio deja claro que el PSOE, en su desesperación, está dispuesto a utilizar cualquier herramienta, incluso las más bajas, para intentar mantenerse en el poder. Pero debemos recordar que el que cava una zanja para el otro puede acabar cayendo en ella.
Quizás ya sea hora de que el socialismo abandone el manual del juego sucio y apueste por construir una política limpia y de altura. Porque, de lo contrario, el descrédito les estallará en la cara. O tal vez ya lo ha hecho.