Pedro Sánchez parece haber encontrado en el juego de palabras su estrategia predilecta para eludir responsabilidades. Mientras miles de ciudadanos se preguntan qué ocurrirá con medidas esenciales como la revalorización de las pensiones o las subvenciones al transporte público, el presidente del Gobierno se dedica a lanzar dardos envenenados a quienes votaron en contra del decreto 'ómnibus'. Pero lo que no dice, y es lo que más preocupa, es qué piensa hacer su Gobierno para corregir el rumbo tras este revés legislativo.
Pedro Sánchez parece haber encontrado en el juego de palabras su estrategia predilecta para eludir responsabilidades. Mientras miles de ciudadanos se preguntan qué ocurrirá con medidas esenciales como la revalorización de las pensiones o las subvenciones al transporte público, el presidente del Gobierno se dedica a lanzar dardos envenenados a quienes votaron en contra del decreto 'ómnibus'. Pero lo que no dice, y es lo que más preocupa, es qué piensa hacer su Gobierno para corregir el rumbo tras este revés legislativo.
Es cuanto menos insultante que Sánchez apele a la "empatía social" cuando su gestión reciente deja claro que la prioridad no está en solucionar los problemas de los ciudadanos, sino en buscar culpables para justificar su propia inacción. ¿De qué empatía habla, exactamente? Porque lo que están viviendo miles de pensionistas y usuarios del transporte público no es empatía; es incertidumbre, precariedad y un sentimiento de abandono que el Gobierno ni siquiera parece dispuesto a abordar con claridad.
Por otro lado, resulta incomprensible que descarte aprobar un decreto con algunas de las medidas necesarias, como ha propuesto el PP. Sánchez prefiere el todo o nada, aunque ello signifique dejar desprotegidos a los sectores más vulnerables. Es fácil hablar de "dolor social" desde un atril, pero gobernar exige algo más que retórica y recriminaciones: requiere decisiones valientes, rápidas y, sobre todo, efectivas.
El presidente no puede seguir escondiéndose detrás de discursos vacíos mientras el país reclama soluciones. Los ciudadanos no necesitan más lecciones de moral ni apelaciones vacuas a la responsabilidad. Necesitan saber si sus pensiones serán revalorizadas y si podrán seguir accediendo al transporte público sin un coste prohibitivo. Lo demás, señor Sánchez, son excusas.
Si su Gobierno no es capaz de ofrecer certezas, lo mínimo que podría hacer es admitirlo. Pero en lugar de eso, opta por trasladar la culpa a los demás, acusando a PP y Junts de causar un "dolor social" que, en realidad, tiene su origen en la incapacidad de este Ejecutivo para construir consensos y atender las verdaderas necesidades del país. Una vez más, Sánchez demuestra que la empatía que exige a los demás es la que más le falta.