Lo que ocurrió en Valencia con la llegada de la DANA no es algo que pueda tomarse a la ligera. Después de que Carlos Mazón, presidente de la Generalitat, se fuera a comer, no atendiera las llamadas urgentes y llegara tarde para dar la alarma sobre el desastre inminente, queda claro que el liderazgo de la Comunidad Valenciana es, por decir lo menos, cuestionable. A lo largo de todo el día, la incompetencia de su gestión se hizo más que evidente, dejando a los valencianos a merced de una tormenta que se cobró la vida de más de 200 personas.
Lo que ocurrió en Valencia con la llegada de la DANA no es algo que pueda tomarse a la ligera. Después de que Carlos Mazón, presidente de la Generalitat, se fuera a comer, no atendiera las llamadas urgentes y llegara tarde para dar la alarma sobre el desastre inminente, queda claro que el liderazgo de la Comunidad Valenciana es, por decir lo menos, cuestionable. A lo largo de todo el día, la incompetencia de su gestión se hizo más que evidente, dejando a los valencianos a merced de una tormenta que se cobró la vida de más de 200 personas.
Este tipo de negligencia no puede ser tolerada en ninguna administración, menos aún cuando la vida de miles de personas está en juego. Mazón ha fallado en el momento en que más se necesitaba una acción rápida y coordinada. Es un líder que, claramente, no estaba preparado para lo que se venía. Debería ser el propio PP quien dé un paso al frente y lo invite, como ya imaginamos que habrá ocurrido en otras ocasiones, a que cierre al salir. Es momento de asumir la responsabilidad y hacer lo que la situación exige: pedir la dimisión.
Si bien la responsabilidad de la Generalitat Valenciana está clara, no podemos dejar de lado la actitud del gobierno central ante este caos. La respuesta desde Madrid fue mínima, casi inexistente. ¿Qué hicieron realmente para apoyar a las autoridades locales? La falta de decisiones rápidas y eficaces ante la gravedad de la situación demuestra una descoordinación alarmante. Y, francamente, no parece que alguien en el gobierno español esté dispuesto a dar un paso atrás y asumir su parte de culpa.
Lo que se necesita ahora son decisiones. Pero no solo en Valencia, sino a nivel nacional. Si la incompetencia de un gobierno regional lleva a la muerte de más de 200 personas, algo debe cambiar. ¿Dimitirán quienes no tomarán las decisiones adecuadas? Lo dudamos. Pero la responsabilidad no puede seguir sin ser asumida. Es hora de que se pongan en práctica las lecciones de esta tragedia para evitar que se repita en el futuro.