El Congreso de los Diputados tiene previsto aprobar su presupuesto para 2025, y, cómo no, vuelve a aparecer la tan habitual subida salarial para sus señorías. Es casi como una tradición: año tras año, mientras la mayoría de los ciudadanos ajustamos nuestros cinturones frente al encarecimiento de la vida, ellos siguen engordando sus nóminas. Resulta insultante ver cómo, en medio de una crisis que afecta a miles de familias, nunca falta la subida de sueldo para los diputados.
El Congreso de los Diputados tiene previsto aprobar su presupuesto para 2025, y, cómo no, vuelve a aparecer la tan habitual subida salarial para sus señorías. Es casi como una tradición: año tras año, mientras la mayoría de los ciudadanos ajustamos nuestros cinturones frente al encarecimiento de la vida, ellos siguen engordando sus nóminas. Resulta insultante ver cómo, en medio de una crisis que afecta a miles de familias, nunca falta la subida de sueldo para los diputados.
Es irónico, por no decir cínico, que quienes legislan sobre salarios mínimos, pensiones o ayudas sociales, no duden en asegurarse mejoras en sus condiciones laborales. ¿Qué pasa con los trabajadores que ven sus sueldos congelados, las hipotecas dispararse y el carrito de la compra cada vez más caro? Para esos ciudadanos no hay subidas automáticas ni compensaciones por la inflación.
Este tipo de decisiones no hacen más que aumentar la brecha entre la clase política y el pueblo. El Congreso, que debería estar al servicio de los ciudadanos, parece más preocupado por el bienestar de quienes ocupan sus escaños. Suben sus sueldos con total normalidad mientras las personas de a pie se ven obligadas a priorizar entre pagar la luz o llenar la nevera.
Es una burla que se repite cada año, y la sensación de impotencia crece entre quienes vivimos en una realidad completamente distinta a la de los que legislan. Al final, el mensaje que se transmite es claro: el sacrificio es solo para unos pocos, y esos pocos no son precisamente los diputados.
Quizás sea hora de recordar a nuestros representantes que el servicio público es eso, un servicio, y no una excusa para asegurar un sueldo cada vez mayor mientras el resto se las arregla como puede.