No falla. Cada vez que el PSOE está en apuros o necesita un empujoncito, el CIS de José Félix Tezanos sale al rescate con una encuesta hecha a medida. Según el último barómetro, los socialistas aventajan al PP en 5,3 puntos, un resultado que choca frontalmente con lo que reflejan otras encuestas privadas. Pero claro, el CIS no es una simple empresa demoscópica: es un instrumento político al servicio de Pedro Sánchez.
No falla. Cada vez que el PSOE está en apuros o necesita un empujoncito, el CIS de José Félix Tezanos sale al rescate con una encuesta hecha a medida. Según el último barómetro, los socialistas aventajan al PP en 5,3 puntos, un resultado que choca frontalmente con lo que reflejan otras encuestas privadas. Pero claro, el CIS no es una simple empresa demoscópica: es un instrumento político al servicio de Pedro Sánchez.
A estas alturas, confiar en los estudios del CIS es casi un acto de fe. No es la primera vez que sus datos acaban en la papelera de la realidad. En las elecciones generales de 2023, pronosticaron una debacle del PP que nunca llegó y una ventaja del PSOE que se esfumó en las urnas. Lo mismo ha ocurrido en otras convocatorias, donde los resultados fueron radicalmente distintos a lo que vendía el organismo público.
El problema no es que se equivoquen, porque cualquiera puede hacerlo, sino que la tendencia es siempre la misma: inflar al PSOE y minimizar a la oposición. Un error ocasional se puede entender, pero cuando la desviación se repite sistemáticamente en favor de los mismos, la cosa huele a manipulación. El CIS de Tezanos no es un observatorio neutral, sino un aparato de propaganda que cocina los datos con la receta que más conviene al Gobierno.
Mientras siga bajo el control de quienes lo utilizan como un arma política, este organismo habrá perdido toda su credibilidad. Los ciudadanos ya saben que sus encuestas tienen menos valor que un billete de Monopoly y que la verdadera encuesta se hace en las urnas, donde no hay margen para la "cocina".