Hay frases que pretenden zanjar una polémica y terminan retratando a quien las pronuncia. «Desde el asfalto de Madrid es muy fácil opinar», ha soltado Montse Mínguez para defender al Gobierno ante las críticas por no haber previsto la crisis de Ceuta. Pues demos la vuelta a sus palabras: desde el asfalto de Ceuta también fue muy fácil avisar. Y se avisó. Una y otra vez. Lo verdaderamente difícil, por lo visto, era conseguir que alguien en Madrid quisiera escuchar.
Hay frases que pretenden zanjar una polémica y terminan retratando a quien las pronuncia. «Desde el asfalto de Madrid es muy fácil opinar», ha soltado Montse Mínguez para defender al Gobierno ante las críticas por no haber previsto la crisis de Ceuta. Pues demos la vuelta a sus palabras: desde el asfalto de Ceuta también fue muy fácil avisar. Y se avisó. Una y otra vez. Lo verdaderamente difícil, por lo visto, era conseguir que alguien en Madrid quisiera escuchar.
Desde Ceuta se venía alertando del incremento de la presión migratoria y de una situación cada vez más preocupante. El Gobierno de la Ciudad trasladó sus advertencias y las informaciones atribuidas al CNI apuntaban igualmente a un riesgo creciente. No hacía falta tener una bola de cristal. Hacía falta atender a quienes conocen la frontera, interpretar las señales y prepararse para el peor escenario. Los avisos estaban encima de la mesa; lo que faltó fue voluntad para tomárselos con la seriedad que merecían.
Porque desde el asfalto de Ceuta se conoce perfectamente lo que significa vivir junto a una frontera sometida a presión constante y también las consecuencias que pueden tener las decisiones de Marruecos sobre la ciudad. Aquí no se habla desde un despacho a 600 kilómetros de distancia. Aquí se vive la frontera todos los días. Por eso resulta especialmente desafortunado que una dirigente socialista intente ahora desacreditar las críticas apelando precisamente a la distancia con Madrid, cuando uno de los grandes reproches al Ejecutivo ha sido no escuchar suficientemente lo que se advertía desde Ceuta.
El 30 de julio llegó finalmente aquello que tantos temían y, desde entonces, los ceutíes han tenido que soportar buena parte de sus consecuencias. Por eso, antes de repartir lecciones sobre quién puede o no puede opinar, Mínguez debería preguntarse algo mucho más incómodo: ¿qué hizo el Gobierno con todos los avisos que recibió antes de que estallara la crisis? Esa es la cuestión que merece una respuesta clara, no una frase despectiva contra quienes ahora exigen explicaciones.
Así que sí, señora Mínguez: desde el asfalto de Madrid es muy fácil opinar. Pero también parece que fue demasiado fácil mirar hacia otro lado mientras desde el asfalto de Ceuta se avisaba de lo que podía venir. Y cuando las advertencias existen, ignorarlas y después reprochar a los demás que pidan responsabilidades no es defender una gestión. Es intentar esquivar el debate que realmente importa.