María Jesús Montero ha salido una vez más como escudera de Pedro Sánchez, afirmando que el PSOE “se crecerá en la adversidad” y llamando a defender al presidente “por tierra, mar y aire” frente a los supuestos ataques del PP. Pero no se engañen: aquí no hay una ofensiva injustificada de la oposición, lo que hay es una gestión desastrosa del Gobierno, plagada de escándalos y sospechas que ya no caben debajo de la alfombra.
María Jesús Montero ha salido una vez más como escudera de Pedro Sánchez, afirmando que el PSOE “se crecerá en la adversidad” y llamando a defender al presidente “por tierra, mar y aire” frente a los supuestos ataques del PP. Pero no se engañen: aquí no hay una ofensiva injustificada de la oposición, lo que hay es una gestión desastrosa del Gobierno, plagada de escándalos y sospechas que ya no caben debajo de la alfombra.
Es curioso cómo en el PSOE cada nueva acusación o caso de corrupción es interpretado como una conspiración política, en lugar de asumir responsabilidades. Las tramas que afectan a su entorno más cercano, incluida su esposa, no son invenciones mediáticas ni exageraciones de la oposición: son investigaciones judiciales con nombres, fechas y cifras. El problema no es el PP, el problema lo tienen en casa.
Hablar de "defender a Sánchez" como si fuera una víctima de guerra es una falta de respeto a la inteligencia de los ciudadanos. Los españoles no necesitan un presidente blindado, necesitan un presidente que dé explicaciones, que rinda cuentas y que no se esconda tras cortinas de humo y portavoces encendidos.
Esta estrategia de cerrar filas, de hacerse los ofendidos y de atacar a quien critique, solo retrata a un Gobierno acorralado, incapaz de asumir sus propios errores. Y lo peor es que, mientras el PSOE juega a la resistencia épica, los problemas reales del país —sanidad, vivienda, paro juvenil— siguen sin solución.
No es el PP quien está dejando caer al Gobierno, es el propio Sánchez con su soberbia y su entorno cada vez más cuestionado. Defender lo indefendible no es lealtad, es ceguera. Y a este paso, será también su perdición.