La Autopista Nacional
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Resulta escandaloso que, en pleno 2025, el 80% de los ayuntamientos catalanes hayan decidido vetar la bandera de España en sus balcones institucionales. No estamos hablando de un trapo cualquiera, sino del símbolo común que representa a todos los ciudadanos de este país, también a los catalanes —aunque a algunos les cueste aceptarlo—. Esta actitud no solo es una falta de respeto, es una declaración de intenciones: la de seguir alimentando un discurso excluyente, provinciano y profundamente antidemocrático.

Resulta escandaloso que, en pleno 2025, el 80% de los ayuntamientos catalanes hayan decidido vetar la bandera de España en sus balcones institucionales. No estamos hablando de un trapo cualquiera, sino del símbolo común que representa a todos los ciudadanos de este país, también a los catalanes —aunque a algunos les cueste aceptarlo—. Esta actitud no solo es una falta de respeto, es una declaración de intenciones: la de seguir alimentando un discurso excluyente, provinciano y profundamente antidemocrático.

Cataluña se ha beneficiado históricamente del Estado español en todos los ámbitos: infraestructuras, financiación, competencias… y ahora, muchos de sus ayuntamientos responden ondeando solo esteladas o senyeras mutiladas, como si eso borrara su pertenencia a España. Quieren los fondos, las transferencias y los servicios, pero no quieren ni el más mínimo gesto de lealtad institucional. Pues lo sentimos mucho, pero no se puede estar permanentemente con un pie dentro y otro fuera, exprimiendo al Estado mientras se le desprecia.

La bandera no es de ningún partido, ni de ningún gobierno de turno. Es de todos. Y negarse a izarla no es un acto de rebeldía creativa, como algunos pretenden vender, sino una falta de respeto institucional de primer nivel. ¿Se imaginan lo que pasaría si en otros países se ocultara deliberadamente la enseña nacional en sus ayuntamientos? La respuesta sería inmediata, y probablemente mucho más firme que la que aquí damos.

Los ayuntamientos que incurren en este tipo de boicot simbólico no se merecen el silencio cómplice del Estado. Se merecen una respuesta contundente, legal y política. Porque ya está bien de alimentar el victimismo independentista con fondos públicos mientras se pisotean los símbolos que nos unen. Si tan poco les gusta España, tal vez deban empezar por dejar de beneficiarse de ella.

Ha llegado el momento de que alguien diga alto y claro lo que muchos piensan: Cataluña, o al menos una parte significativa de su entramado político e institucional, lleva años abusando de la paciencia del resto de los españoles. Y ya va siendo hora de ponerle freno.

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Ceuta, Miercoles 29 de Julio del 2026

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