La Autopista Nacional
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Beber y conducir nunca han hecho buena pareja. Y aunque parezca una obviedad, hay quien sigue pensando que "una copita no hace daño". La realidad es muy distinta: con una tasa de alcohol superior a 0,3 gramos por litro en sangre, el riesgo de sufrir un accidente se triplica. No es una suposición ni un susto preventivo, es un dato que debería hacernos reflexionar seriamente cada vez que cogemos el volante después de haber bebido.

Beber y conducir nunca han hecho buena pareja. Y aunque parezca una obviedad, hay quien sigue pensando que "una copita no hace daño". La realidad es muy distinta: con una tasa de alcohol superior a 0,3 gramos por litro en sangre, el riesgo de sufrir un accidente se triplica. No es una suposición ni un susto preventivo, es un dato que debería hacernos reflexionar seriamente cada vez que cogemos el volante después de haber bebido.

Puede que pensemos que tenemos todo bajo control, que no nos sentimos mareados ni torpes, pero el alcohol empieza a hacer efecto mucho antes de que el cuerpo lo note de forma evidente. Afecta al tiempo de reacción, al campo de visión, al juicio… y en la carretera, un solo segundo de duda o distracción puede ser la diferencia entre llegar a casa o no hacerlo.

Lo más preocupante es que en muchas ocasiones se subestima el peligro, sobre todo en trayectos cortos o en celebraciones donde se mezcla la confianza con la euforia. No hace falta estar borracho para tener los reflejos alterados. Basta con superar ese 0,3 para que el riesgo se dispare. Y lo peor es que no solo se pone en peligro la vida propia, sino también la de quienes comparten la vía.

Por eso es importante insistir en la responsabilidad al volante. No se trata de demonizar a quien se toma una copa, sino de entender que, si se hace, toca dejar el coche aparcado. Hoy en día hay alternativas de sobra: transporte público, taxis, aplicaciones de movilidad o simplemente esperar el tiempo suficiente hasta estar en condiciones de conducir.

En cuestiones de tráfico, no hay margen para la improvisación. El alcohol al volante no es una cuestión de suerte, es una ruleta rusa en la que nadie debería participar. Porque, al final, no hay brindis que justifique una tragedia.

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Ceuta, Miercoles 29 de Julio del 2026

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