Ángel Víctor Torres vuelve a comparecer y, una vez más, Ceuta recibe una catarata de números. Ahora son 6.791 retornos voluntarios desde el 10 de agosto y 1.309 solamente durante la última semana. El Gobierno pretende presentar ese goteo como una muestra de que su estrategia funciona, pero hay una realidad bastante más difícil de maquillar: casi dos meses después de la entrada masiva de finales de julio, la ciudad continúa soportando una situación absolutamente excepcional.
Ángel Víctor Torres vuelve a comparecer y, una vez más, Ceuta recibe una catarata de números. Ahora son 6.791 retornos voluntarios desde el 10 de agosto y 1.309 solamente durante la última semana. El Gobierno pretende presentar ese goteo como una muestra de que su estrategia funciona, pero hay una realidad bastante más difícil de maquillar: casi dos meses después de la entrada masiva de finales de julio, la ciudad continúa soportando una situación absolutamente excepcional.
A los ceutíes ya no les bastan las ruedas de prensa de Torres ni los balances semanales del Consejo de Ministros. Quieren saber cuántas personas permanecen realmente en Ceuta, cuándo serán resueltos sus expedientes y cuándo recuperará la ciudad la normalidad. El propio Gobierno ha reconocido durante semanas que no podía ofrecer una cifra exacta de cuántas personas permanecían en la ciudad. Por eso resulta comprensible que cada nuevo dato oficial sea recibido con desconfianza por quienes llevan desde finales de julio viviendo esta crisis en primera persona.
Y todavía resulta más irritante intentar convertir los retornos voluntarios en una especie de éxito político. ¿Éxito de qué? Estamos hablando de personas que han decidido regresar voluntariamente a Marruecos, muchas después de comprobar que no reúnen las condiciones para obtener protección internacional. El mérito que debería exigirse al Ejecutivo no es contabilizar quién decide marcharse, sino demostrar que el Estado controla su frontera, tramita con rapidez los expedientes y ejecuta conforme a la ley las devoluciones que correspondan.
Torres, como responsable del mando único, debería entender que Ceuta necesita bastante más que estadísticas. Necesita resultados visibles. Necesita seguridad, control fronterizo, procedimientos ágiles y respuestas claras. Mientras miles de personas sigan dependiendo de recursos extraordinarios de acogida y continúe siendo necesaria toda esta maquinaria excepcional, difícilmente puede venderse normalidad. De hecho, el propio Ejecutivo reconocía el 15 de septiembre que había habilitado miles de plazas y seguía reforzando los procedimientos administrativos.
Menos propaganda y más gestión. Menos comparecencias para anunciar cifras y más explicaciones sobre cuándo terminará esta situación. Porque después de todo lo ocurrido desde finales de julio, el Gobierno no puede pretender que Ceuta se conforme con escuchar cada martes un número nuevo. La ciudad tiene derecho a exigir transparencia, eficacia y responsabilidades políticas por una crisis cuya solución todavía está lejos de verse en sus calles.