Hay declaraciones que retratan una manera de entender la política. Óscar López, ministro del Gobierno de España, ha decidido despachar la marcha celebrada este sábado en Madrid hablando de «manifestaciones ultra» y de gente que va a «insultar». Curiosa forma de referirse desde un ministerio a ciudadanos que salen a la calle para protestar y, entre otras cosas, mostrar su apoyo a Ceuta. Se puede discrepar de PP, de Vox, de los convocantes y hasta del último manifestante de la fila, pero convertir una protesta en una descalificación general resulta demasiado fácil para quien ocupa un sillón en el Consejo de Ministros.
Hay declaraciones que retratan una manera de entender la política. Óscar López, ministro del Gobierno de España, ha decidido despachar la marcha celebrada este sábado en Madrid hablando de «manifestaciones ultra» y de gente que va a «insultar». Curiosa forma de referirse desde un ministerio a ciudadanos que salen a la calle para protestar y, entre otras cosas, mostrar su apoyo a Ceuta. Se puede discrepar de PP, de Vox, de los convocantes y hasta del último manifestante de la fila, pero convertir una protesta en una descalificación general resulta demasiado fácil para quien ocupa un sillón en el Consejo de Ministros.
Porque aquí hay algo que parece olvidarse: Ceuta lleva casi dos meses soportando una situación extraordinaria y miles de personas han querido convertir esa preocupación en una reivindicación pública. La manifestación estaba convocada por Sociedad Civil Española y fue secundada por PP y Vox, pero reducirla únicamente a las siglas políticas presentes supone ignorar deliberadamente aquello que también estaba sobre la mesa: la situación de Ceuta.
Lo verdaderamente desafortunado es que un ministro parezca más interesado en colocar etiquetas a quienes protestan que en preguntarse por qué Ceuta ha terminado ocupando las calles de Madrid. Llamar «ultra» al que protesta es sencillo; mucho más complicado resulta explicar qué respuesta se está ofreciendo a una ciudad que continúa afrontando las consecuencias de la entrada masiva del pasado julio. Desde un cargo público cabría esperar argumentos, soluciones y algo más de respeto hacia quien ejerce pacíficamente su derecho a manifestarse.
Óscar López tiene todo el derecho del mundo a criticar al PP y a Vox. Faltaría más. Lo que también tienen los ciudadanos es exactamente el mismo derecho a salir a la calle, reclamar elecciones, censurar al Gobierno o exigir una respuesta diferente para Ceuta. Y cuando desde el poder se responde a esa protesta con etiquetas y descalificaciones, el problema ya no está solamente en lo que grita la calle, sino en la poca disposición que algunos parecen tener para escucharla.
Quizá lo que incomoda no sea quién estaba detrás de la pancarta, sino que Ceuta continúe recordando que su problema sigue ahí. Y por mucho que se intente convertir cualquier protesta incómoda en una reunión de «ultras», los problemas no desaparecen poniendo etiquetas. Ceuta necesita respuestas. Y un ministro debería estar bastante más preocupado por ofrecerlas que por despreciar a quienes salen a reclamarlas.