Hay cosas que cuesta entender. Y una de ellas es que el Gobierno haya necesitado 26 días para darse cuenta de que una crisis como la que está viviendo Ceuta necesita un mando único.
Hay cosas que cuesta entender. Y una de ellas es que el Gobierno haya necesitado 26 días para darse cuenta de que una crisis como la que está viviendo Ceuta necesita un mando único.
No es una petición nueva. No se ha descubierto esta mañana. Se lleva reclamando desde prácticamente el primer momento, cuando la ciudad se vio desbordada tras la entrada masiva de miles de personas. Se pidió coordinación, se pidió una respuesta clara y se pidió que alguien asumiera de verdad el mando de una situación extraordinaria. Han tenido que pasar 26 días para que el Gobierno anuncie que, ahora sí, habrá un responsable único.
Y lo presentan como un "antes y un después". Pues habrá que verlo.
Porque Ceuta también ha escuchado muchas veces eso de que llegan soluciones. Este lunes ha vuelto a hacerlo. Carlos Cuerpo ha venido a la ciudad, como antes lo hicieron otros miembros del Gobierno, y ha anunciado un nuevo plan para reforzar la seguridad, atender la situación migratoria, mejorar los servicios públicos y ayudar a la economía. Todo muy bien. Sobre el papel, impecable.
El problema es que Ceuta ya tiene un plan. Se presentó en 2022. Se anunció por todo lo alto, con millones de euros y con grandes objetivos para transformar la ciudad. Y, cuatro años después, todavía estamos preguntándonos qué ha sido de buena parte de aquello. Si ni siquiera se ha ejecutado el 30 por ciento de lo previsto, cuesta mucho pedirle a los ceutíes que reciban este nuevo anuncio con entusiasmo.
Aquí está la clave de todo esto: la gente ya no quiere anuncios.
Quiere verlos.
Quiere ver ayudas para el pequeño comercio que lleva semanas sufriendo. Quiere seguridad. Quiere que los servicios públicos funcionen. Quiere saber qué va a pasar con los miles de migrantes que todavía permanecen en la ciudad y, sobre todo, quiere que se resuelva cuanto antes la situación de los menores. Quiere, en definitiva, que alguien coja el toro por los cuernos y empiece a solucionar problemas en lugar de anunciar que los va a solucionar.
Y habrá que estar pendientes de lo que ocurra a partir de ahora. Porque Carlos Cuerpo es ya el octavo ministro que visita Ceuta desde que comenzó esta crisis. Ocho ministros. Ocho visitas. Ocho discursos. Y mientras tanto, los ceutíes siguen esperando resultados.
A estas alturas, es normal que exista desconfianza. No porque los ceutíes sean pesimistas ni porque no quieran que las cosas mejoren. Todo lo contrario. Es precisamente porque llevan demasiado tiempo esperando. Han escuchado demasiadas promesas, demasiados compromisos y demasiadas declaraciones solemnes que después se han quedado a medias.
Por eso, este Gobierno tiene ahora una oportunidad. Y no pequeña. Puede demostrar que esta vez va en serio. Que el mando único no es simplemente otro órgano más. Que el plan de choque no se va a quedar en un documento. Que las ayudas llegarán. Que el dinero se ejecutará. Que las medidas tendrán calendario y responsables.
Porque, sinceramente, Ceuta ya no está para creerse cualquier cosa.
Después de 26 días, lo mínimo que se puede pedir es que aquello que se anuncia se cumpla. Que no tengamos dentro de unos meses otra rueda de prensa explicando que se está trabajando en nuevas medidas, que se están estudiando las necesidades de la ciudad y que próximamente se concretará un nuevo plan.
No. Ya está bien.
Ahora toca trabajar y ejecutar. Y si dentro de unos meses este mando único ha servido para agilizar los expedientes, los retornos y la atención a los menores; si el plan ha reforzado realmente la seguridad y si las empresas y trabajadores reciben el apoyo prometido, seremos los primeros en reconocerlo.
Pero si todo vuelve a quedarse en palabras, reuniones y fotografías, los ceutíes estarán más que legitimados para pensar que esto ha sido simplemente otra visita ministerial, otro discurso y otra colección de promesas.
Después de 26 días, Ceuta no necesita que le digan que el Estado está con ella.
Necesita que se note.
