En política, las palabras pesan, y más aún cuando se lanzan con el aplomo de quien pretende erigirse en alternativa. Esta semana, el presidente Juan Vivas anunció un ambicioso plan de 95 millones de euros para la construcción de viviendas en Ceuta, un proyecto que, aunque llega con retraso, supondrá sin duda una inyección de esperanza para cientos de familias ceutíes que llevan años esperando soluciones reales y no promesas huecas.
En política, las palabras pesan, y más aún cuando se lanzan con el aplomo de quien pretende erigirse en alternativa. Esta semana, el presidente Juan Vivas anunció un ambicioso plan de 95 millones de euros para la construcción de viviendas en Ceuta, un proyecto que, aunque llega con retraso, supondrá sin duda una inyección de esperanza para cientos de familias ceutíes que llevan años esperando soluciones reales y no promesas huecas.
Pero mientras se presentaba esta medida largamente esperada, Mohamed Mustafa, líder de Ceuta Ya!, se despachaba con una afirmación que dejó perplejos a propios y extraños: “el modelo Vivas ha fracasado y se tiene que ir”. Y lo dijo tan tranquilo, sin sonrojarse ni un ápice, como si el suyo fuera el paradigma de la coherencia política y la gestión pública desinteresada.
Hay que reconocer que Vivas tiene sus ceros en su balance político, especialmente en materia de vivienda. Pero también es cierto que, si finalmente se van a invertir 95 millones en construir casas, lo que toca es aplaudir. Más vale tarde que nunca, y si tras 24 años se decide a mover ficha en esta materia, bienvenidas sean las obras. Lo importante no es quién lo hace, sino que se haga. Y si esto beneficia a los ciudadanos, mejor aún.
En cambio, quienes critican desde la barrera sin haber gestionado ni una promoción ni un realojo, deberían reflexionar sobre su propio papel. Porque no sería la primera vez que los que acusan de clientelismo son los mismos que luego levantan el teléfono para “recomendar” a su gente. La política local, desgraciadamente, está demasiado acostumbrada a los discursos que se inflaman en el pleno y se diluyen en los pasillos.
Mohamed Mustafa lanza dardos como si estuviera por encima del bien y del mal, pero su trayectoria también está marcada por prácticas que muchos ciudadanos ya reconocen como “vieja política con cara nueva” y muy moruna. Y eso, en un momento en que Ceuta necesita soluciones, no etiquetas, no es precisamente lo que más falta hace.
Señores políticos: menos ruido y más viviendas.