Diecisiete días. Ese es el tiempo que ha tenido que pasar para que, después de promesas, anuncios, visitas, fotografías, reuniones y mucha palabrería, un miembro del Gobierno de España llegue a Ceuta y anuncie algo concreto que, además, haya comenzado a ejecutarse prácticamente de inmediato. La ministra de Inclusión, Seguridad Social y Migraciones, Elma Saiz, ha puesto sobre la mesa 1.500 plazas temporales de acogida y cuatro emplazamientos donde se levantarán estos dispositivos. Y, esta vez, no estamos hablando solo de palabras: las primeras carpas ya han comenzado a instalarse.
Diecisiete días. Ese es el tiempo que ha tenido que pasar para que, después de promesas, anuncios, visitas, fotografías, reuniones y mucha palabrería, un miembro del Gobierno de España llegue a Ceuta y anuncie algo concreto que, además, haya comenzado a ejecutarse prácticamente de inmediato. La ministra de Inclusión, Seguridad Social y Migraciones, Elma Saiz, ha puesto sobre la mesa 1.500 plazas temporales de acogida y cuatro emplazamientos donde se levantarán estos dispositivos. Y, esta vez, no estamos hablando solo de palabras: las primeras carpas ya han comenzado a instalarse.
Porque esa es precisamente la diferencia. Ceuta lleva más de dos semanas soportando una situación extraordinaria que ha alterado por completo su normalidad. Durante estos 17 días hemos escuchado declaraciones, hemos visto desfilar a representantes institucionales, hemos asistido a reuniones y hemos conocido compromisos de todo tipo. Pero lo que los ceutíes necesitaban no eran más fotografías ni discursos solemnes. Necesitaban ver máquinas, operarios, espacios acondicionados y soluciones sobre el terreno.
La llegada de la ministra Saiz, por tanto, tiene al menos el mérito de haber puesto negro sobre blanco una actuación concreta. Cuatro ubicaciones, 1.500 plazas y un calendario que obliga a trabajar con urgencia. No solucionará por sí sola el enorme problema que atraviesa Ceuta, pero sí constituye un primer paso tangible para comenzar a descongestionar unos recursos que llevan demasiado tiempo al límite y para intentar ordenar una situación que se ha ido enquistando con el paso de los días.
Ahora bien, que haya comenzado algo no significa que podamos conformarnos. Al contrario. Precisamente porque se ha demostrado que, cuando existe voluntad y decisión, las cosas pueden empezar a moverse, lo que cabe exigir ahora es velocidad. Mucha velocidad. Si ya se ha podido comenzar a trabajar en Loma Colmenar, no hay razón para que las otras ubicaciones anunciadas no avancen al mismo ritmo. Ceuta no puede permitirse otra semana de espera, ni otra sucesión de anuncios que vuelvan a quedarse en eso: anuncios.
Y tampoco puede olvidarse que los centros temporales son solamente una pieza de un problema mucho mayor. Hay que recuperar la normalidad en las calles, aliviar la presión sobre el CETI, atender a quienes permanecen en los asentamientos improvisados, reforzar los servicios públicos y abordar todas las consecuencias que esta crisis ha dejado en la ciudad. Hay mucho trabajo pendiente y muy poco tiempo que perder.
Por eso, bienvenida sea cualquier medida que empiece a transformar las palabras en hechos. Pero que nadie pretenda que Ceuta dé las gracias simplemente porque, después de 17 días, por fin se haya empezado a actuar. Lo que corresponde ahora es acelerar. Acelerar las obras, acelerar las soluciones y acelerar todas las actuaciones necesarias para que esta ciudad pueda recuperar cuanto antes la normalidad que le fue arrebatada.
Porque después de 17 días, Ceuta ya no necesita promesas. Necesita hechos. Y necesita muchos más.
