Editorial
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Veintiocho días después de la entrada masiva de personas en Ceuta, el Gobierno sigue sin ofrecer lo que la ciudad reclama con mayor insistencia: certezas, planificación y plazos. A estas alturas, nadie discute que cualquier actuación debe hacerse conforme a la ley ni que es necesario identificar, filiar y tramitar individualmente cada caso. Eso es evidente. Lo que resulta inaceptable es que, después de casi un mes, el Ejecutivo siga limitándose a anunciar reuniones, mecanismos de coordinación y buenas intenciones sin explicar cuándo comenzará el retorno, con qué procedimiento se hará y cuánto tiempo piensa mantener a miles de personas en una ciudad que no tiene capacidad para soportar una situación de esta magnitud.

Veintiocho días después de la entrada masiva de personas en Ceuta, el Gobierno sigue sin ofrecer lo que la ciudad reclama con mayor insistencia: certezas, planificación y plazos. A estas alturas, nadie discute que cualquier actuación debe hacerse conforme a la ley ni que es necesario identificar, filiar y tramitar individualmente cada caso. Eso es evidente. Lo que resulta inaceptable es que, después de casi un mes, el Ejecutivo siga limitándose a anunciar reuniones, mecanismos de coordinación y buenas intenciones sin explicar cuándo comenzará el retorno, con qué procedimiento se hará y cuánto tiempo piensa mantener a miles de personas en una ciudad que no tiene capacidad para soportar una situación de esta magnitud.

La comparecencia de Juan Vivas tras la primera reunión del mando único ha dejado una sensación difícil de ocultar: seguimos prácticamente donde estábamos. El presidente de la Ciudad ha reclamado algo tan elemental como una programación que determine los procedimientos, los recursos y el horizonte temporal. Y la respuesta vuelve a ser la misma: habrá que esperar a próximas reuniones. ¿Hasta cuándo? Nadie lo sabe. ¿Cuándo empezarán los retornos? Tampoco. ¿Cuántas personas serán trasladadas y cuándo? Silencio. Después de 28 días, el Gobierno de Pedro Sánchez todavía no es capaz de responder a las preguntas más básicas.

El problema es que mientras Moncloa administra los tiempos políticos, Ceuta soporta las consecuencias todos los días. Las calles, los servicios públicos, los cuerpos de seguridad, los trabajadores, los empresarios y los vecinos no viven esta crisis en una sala de reuniones ni pueden aplazar sus problemas hasta la próxima convocatoria ministerial. Cada jornada sin una solución concreta incrementa la presión sobre una ciudad que ya ha demostrado hasta el límite su capacidad de resistencia. Y cada hora de indefinición alimenta un hartazgo ciudadano que crece de forma exponencial.

Resulta especialmente irritante que el Gobierno aparezca ahora para explicar lo que los ceutíes llevan semanas reclamando. Que hay que alojar a quienes están en la calle, identificarlos, filiarles, hacerles el correspondiente triaje y aplicar la legislación. Eso ya lo sabía todo el mundo. Que los polideportivos no deben utilizarse como solución permanente también ha quedado claro. Lo que la ciudadanía necesita no son más declaraciones solemnes ni nuevos órganos de coordinación: necesita decisiones. Necesita saber qué va a ocurrir mañana, la próxima semana y dentro de un mes.

Y mientras tanto, el Gobierno sigue transmitiendo una imagen de desconexión difícil de justificar. En una crisis que ha alterado la vida de toda una ciudad, con graves consecuencias sociales, económicas y de seguridad, resulta incomprensible que la respuesta haya llegado con esta lentitud y que durante semanas se haya tenido la sensación de que Ceuta podía esperar mientras las agendas políticas y vacacionales seguían su curso. Un Gobierno está para gobernar, especialmente cuando las circunstancias son excepcionales, no para esperar a que los problemas desaparezcan por agotamiento.

La paciencia de los ceutíes tiene un límite. Y sería una enorme irresponsabilidad que el Ejecutivo confundiera la madurez, solidaridad y civismo demostrados por esta sociedad con resignación. Ceuta está cansada de esperar. Cada día que pasa sin plazos, sin calendario y sin una hoja de ruta clara aumenta la frustración y aleja la normalidad que el propio Gobierno dice perseguir. Si realmente existe voluntad de resolver la crisis, ha llegado el momento de demostrarlo con hechos. Porque después de 27 días, lo que Ceuta necesita no es otra reunión para decir lo que ya sabía: necesita que el Gobierno empiece, de una vez, a gobernar.

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Ceuta, Viernes 28 de Agosto del 2026

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