Editorial
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Hay visitas que sirven para traer soluciones y hay visitas que sirven, sobre todo, para volver a contar que las soluciones llegarán. La segunda visita de Fernando Grande-Marlaska a Ceuta después de la gravísima crisis del 30 de julio deja, al menos de momento, más anuncios que resultados que los ceutíes puedan tocar con las manos.

Hay visitas que sirven para traer soluciones y hay visitas que sirven, sobre todo, para volver a contar que las soluciones llegarán. La segunda visita de Fernando Grande-Marlaska a Ceuta después de la gravísima crisis del 30 de julio deja, al menos de momento, más anuncios que resultados que los ceutíes puedan tocar con las manos.

Han pasado dos semanas desde aquella jornada que puso a la ciudad contra las cuerdas. Dos semanas después, el ministro vuelve a comparecer y anuncia nuevos policías, nuevos agentes de extranjería, más medios y más trámites acelerados. Todo suena bien sobre el papel. El problema es que los papeles no son los que tienen que abandonar Ceuta. Siguen aquí las personas que permanecen en situación irregular y el propio ministro cifra en unas 5.000 los adultos que todavía esperan una solución.

También se nos dice que ya hay 1.898 menores identificados. Bien. Pero identificar no es resolver. Registrar no es devolver. Anunciar agentes no es ejecutar retornos. Y prometer que los procedimientos se agilizarán no es lo mismo que explicar cuántas personas han regresado efectivamente, cuántas quedan, qué calendario existe y cuándo se podrá dar por cerrada esta emergencia.

Lo que Ceuta necesitaba de esta segunda visita no era otra fotografía, otra comparecencia ni otro catálogo de efectivos que llegarán. Necesitaba hechos. Necesitaba saber qué ha cambiado realmente desde la primera visita del ministro, qué se ha ejecutado y qué resultados concretos se han conseguido. Porque decir que habrá 20 agentes más o que se incorporarán otros 45 policías puede ser importante, pero no responde a la pregunta que se hace una ciudad entera: ¿cuándo se va a solucionar esto?

Los ceutíes han demostrado una paciencia y una responsabilidad enormes. Han soportado una crisis extraordinaria, han visto alterada su vida cotidiana y llevan dos semanas escuchando compromisos de las distintas administraciones. Lo mínimo que merecen es que el Gobierno deje de pedirles paciencia y empiece a enseñar resultados.

Porque Ceuta no necesita que vuelvan a explicarle lo que ocurrió el 30 de julio. Tampoco necesita que le repitan que el Gobierno está con ella. Eso ya lo hemos escuchado. Lo que necesita es comprobarlo.

Y aquí está el verdadero problema de la visita de Marlaska: dos semanas después, seguimos hablando de lo que se va a hacer. Seguimos contando agentes que llegarán, expedientes que se tramitarán y retornos que se producirán "a la mayor brevedad". Pero la mayor brevedad, para quien lleva dos semanas esperando, empieza a parecerse demasiado a una espera sin fecha.

Ceuta está cansada de anuncios. Está cansada de ministros que vienen, hablan, prometen y se marchan. Está cansada de que cada visita traiga una nueva relación de compromisos mientras la realidad sigue esperando en la calle. Y, sobre todo, está cansada de sentir que cuando el foco nacional se apaga, también se apaga la urgencia para quienes viven aquí.

Marlaska ha vuelto a Ceuta. Ahora toca que vuelva con hechos.

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Ceuta, Viernes 14 de Agosto del 2026

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