Editorial
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Es inquietante la persistente incompletitud del Portal de Transparencia de nuestra ciudad. Un instrumento que debería ser un faro de claridad y rendición de cuentas se presenta, año tras año, con lagunas significativas. Y lo más llamativo es que, según parece, los señalados por esta falta de transparencia son, con una preocupante regularidad, los mismos rostros de nuestra clase política. Nos referimos a políticos y cargos de confianza que también deberían hacerla.

Es inquietante la persistente incompletitud del Portal de Transparencia de nuestra ciudad. Un instrumento que debería ser un faro de claridad y rendición de cuentas se presenta, año tras año, con lagunas significativas. Y lo más llamativo es que, según parece, los señalados por esta falta de transparencia son, con una preocupante regularidad, los mismos rostros de nuestra clase política. Nos referimos a políticos y cargos de confianza que también deberían hacerla.

¿Qué es lo que no terminan de comprender algunos de nuestros representantes sobre la obligatoriedad de este portal? La ley es clara: la transparencia exige la publicación íntegra de su patrimonio y del dinero que poseen. No se trata de una opción, sino de un deber fundamental para generar confianza y permitir que la ciudadanía pueda evaluar la integridad de quienes nos gobiernan.

Sin embargo, la realidad nos muestra un panorama donde faltan propiedades, donde las cantidades de dinero declaradas parecen, en algunos casos, sospechosamente incompletas. Y ante esta situación, las preguntas se agolpan. ¿A qué se debe esta reticencia a mostrar la totalidad de sus bienes? ¿Qué motiva esta omisión reiterada?

La lógica es implacable: quien no tiene nada que ocultar, no tiene motivos para no mostrarlo. La falta de transparencia, en este contexto, solo alimenta la sospecha. O bien ha habido una gestión poco clara de los recursos, o bien existe un interés por mantener en la sombra una parte del patrimonio. Ninguna de las dos opciones resulta tranquilizadora para el ciudadano que confía en la honestidad de sus representantes.

En este escenario, la inacción no es una opción. El Presidente de la Ciudad tiene la responsabilidad de tomar cartas en el asunto. Debe exigir la cumplimentación exhaustiva y veraz del Portal de Transparencia. Y esta exigencia debe ser firme y sin excepciones, comenzando por su propio ejemplo. Porque si el propio líder no predica con transparencia, ¿qué credibilidad puede tener al demandar a los demás?

La transparencia no es un mero formalismo burocrático, es un pilar fundamental de la democracia. Permite a los ciudadanos ejercer su derecho a la información y fortalece la confianza en las instituciones. Una clase política que se niega a mostrar la totalidad de su patrimonio genera desconfianza y abre la puerta a la especulación.

Es hora de que nuestros políticos entiendan que la transparencia no es una amenaza, sino una oportunidad para demostrar su integridad y fortalecer el vínculo con la ciudadanía. La opacidad persistente solo siembra dudas y erosiona la credibilidad de quienes tienen la responsabilidad de gestionar los asuntos públicos de Ceuta. La ciudadanía merece respuestas claras y completas. Y el Portal de Transparencia debe dejar de ser un escaparate incompleto para convertirse en el espejo fiel de la honestidad de nuestros representantes.

 
 
 
 
 
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Ceuta, Miercoles 29 de Julio del 2026

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