La reciente inclusión de Javier Daniel Nogueroles, ex jefe superior de policía de Ceuta, en la lista de posibles Directores Adjuntos Operativos (DAO) del cuerpo policial es, cuando menos, preocupante. Su paso por Ceuta dejó más sombras que luces, y su ascenso a un puesto de mayor responsabilidad plantea serias dudas sobre los criterios que se utilizan para promover a quienes deben velar por nuestra seguridad.
La reciente inclusión de Javier Daniel Nogueroles, ex jefe superior de policía de Ceuta, en la lista de posibles Directores Adjuntos Operativos (DAO) del cuerpo policial es, cuando menos, preocupante. Su paso por Ceuta dejó más sombras que luces, y su ascenso a un puesto de mayor responsabilidad plantea serias dudas sobre los criterios que se utilizan para promover a quienes deben velar por nuestra seguridad.
Nogueroles, durante su tiempo en Ceuta, parece haber dedicado más tiempo a cultivar relaciones políticas que a cumplir con su deber como jefe policial. Su cercanía con el presidente de la ciudad, un miembro del Partido Popular (PP), contrastó notablemente con su distante relación con el delegado del gobierno (PSOE), que, irónicamente, era quien lo había nombrado y a quien debía rendir cuentas. Este comportamiento es preocupante, ya que indica una posible confusión de prioridades, donde la lealtad política podría haber prevalecido sobre la lealtad institucional y el compromiso con la seguridad pública.
El liderazgo en un cuerpo policial no debe depender de afinidades políticas ni de la capacidad de alinearse con figuras de poder. Cuando se elige a alguien para un puesto de tanta relevancia como el de DAO, lo que debe primar son los méritos profesionales, la capacidad de liderazgo, y un historial que demuestre un compromiso firme con la justicia y la seguridad. Desafortunadamente, Nogueroles parece no haber dejado un legado positivo en Ceuta. Más bien, se fue sin apenas haberse ganado el respeto de sus compañeros, con quienes mantuvo una relación distante, y sin haber hecho aportes significativos a la ciudad.
Un líder policial debe ser un ejemplo a seguir, alguien que inspire respeto y confianza entre sus compañeros. Si una persona se siente más atraída por las luces de la política que por las responsabilidades de su cargo, quizás debería considerar un cambio de carrera, en lugar de comprometer la eficacia de la institución.
Ceuta, como cualquier otra ciudad, merece líderes que se comprometan plenamente con su bienestar y seguridad, no figuras de "medio pelo" que pasan sin dejar huella. La seguridad de los ciudadanos es demasiado importante como para quedar en manos de quienes priorizan intereses personales o políticos sobre el bien común. Es fundamental que, al momento de elegir al próximo DAO, se evalúen cuidadosamente los méritos y se priorice a aquellos que verdaderamente han demostrado un compromiso con su deber.
En definitiva, la seguridad no debería ser un campo de juego para aspiraciones políticas. La promoción de individuos a puestos de alta responsabilidad en cuerpos policiales debe basarse en méritos reales y no en las conexiones políticas que puedan haber cultivado. Solo así podremos garantizar que quienes están a cargo de nuestra seguridad estén realmente capacitados para protegernos.