Carlos Cuerpo viene este lunes a Ceuta. El vicepresidente primero y ministro de Economía, Comercio y Empresa aterriza con la misión de abordar el golpe económico provocado por la crisis migratoria y estudiar medidas de apoyo para la ciudad. Se reunirá con Juan Vivas y con empresarios y agentes sociales. Hasta ahí, perfecto. Ceuta necesita dinero, necesita medidas y necesita que el Estado se haga cargo de una factura que no puede pagar sola. Pero hay una pregunta que resulta inevitable: ¿cuántos ministros tienen que venir todavía para que alguien empiece a resolver algo?
Carlos Cuerpo viene este lunes a Ceuta. El vicepresidente primero y ministro de Economía, Comercio y Empresa aterriza con la misión de abordar el golpe económico provocado por la crisis migratoria y estudiar medidas de apoyo para la ciudad. Se reunirá con Juan Vivas y con empresarios y agentes sociales. Hasta ahí, perfecto. Ceuta necesita dinero, necesita medidas y necesita que el Estado se haga cargo de una factura que no puede pagar sola. Pero hay una pregunta que resulta inevitable: ¿cuántos ministros tienen que venir todavía para que alguien empiece a resolver algo?
Porque esto empieza a parecer un carrusel ministerial. Primero unos, después otros, reuniones, declaraciones, anuncios, compromisos, planes, dispositivos, coordinadores, videoconferencias y fotografías. El Gobierno ha desplegado una auténtica procesión de ministros alrededor de una crisis que lleva semanas poniendo a Ceuta contra las cuerdas. Y ahora llega Cuerpo, precisamente el que tiene la llave de la caja. El que maneja los billetes. El que Vivas estaba esperando. Y uno tiene la sensación de que la visita llega con una misión muy sencilla: sacar la chequera, poner una buena morterada encima de la mesa, hacerse la foto y volver a Madrid.
Ojalá nos equivoquemos. Ojalá Carlos Cuerpo llegue con algo mucho más serio que un paquete de anuncios. Porque Ceuta no necesita otra rueda de prensa llena de buenas palabras. Necesita dinero, sí, pero también certezas, calendario, responsables y mecanismos que garanticen que aquello que se anuncie se ejecutará. La ciudad ha sufrido un impacto económico extraordinario y es razonable que el Estado responda con la misma contundencia con la que debería haber respondido desde el primer momento.
El problema es que los ceutíes ya conocemos esta película. En octubre de 2022 el Consejo de Ministros aprobó el Plan Integral de Desarrollo Socioeconómico de Ceuta, con una dotación anunciada de más de 354 millones de euros y decenas de medidas para transformar el modelo económico y reforzar los servicios públicos. Tres años después, el propio Gobierno ha tenido que reconocer que existen retrasos, proyectos sin ejecutar y medidas todavía en tramitación.
Y ahí está el verdadero problema: la memoria de Ceuta está llena de planes que llegan con música de trompetas y terminan acumulando polvo en algún cajón de la Administración. Se anuncian como históricos, integrales, estratégicos o definitivos. Se presentan con grandes titulares y millones de euros sobre el papel. Pero cuando pasa el tiempo, toca volver a preguntar dónde está el dinero, qué se ha ejecutado, qué queda pendiente y por qué aquello que se prometió todavía no ha llegado.
Por eso la visita de Cuerpo no puede convertirse en otra representación teatral. Ceuta está harta del teatro. Harta de ministros que vienen a conocer una realidad que los ministerios deberían conocer perfectamente. Harta de que cada crisis obligue a explicar de nuevo las particularidades de esta ciudad, como si Ceuta apareciera en el mapa únicamente cuando se produce una emergencia. Harta de que haya que esperar a que las calles estén desbordadas, los servicios tensionados y la economía golpeada para que Madrid descubra que aquí hace falta una respuesta específica.
Y también conviene decirlo alto y claro: Vivas no necesita una foto con Cuerpo. Necesita que Cuerpo firme compromisos. Necesita partidas presupuestarias concretas, plazos concretos y garantías de cumplimiento. Necesita salir de esa reunión pudiendo decir a los empresarios, a los trabajadores y a los ceutíes cuánto dinero va a llegar, cuándo va a llegar y para qué se va a utilizar. Porque si el resultado vuelve a ser un "vamos a estudiar", "vamos a analizar", "vamos a trabajar en un plan" o "se pondrán en marcha medidas", entonces que nos ahorren la ceremonia.
Que nadie confunda una transferencia de dinero con una solución. El dinero es imprescindible, pero no puede ser el sustituto de una política de Estado para Ceuta. La ciudad necesita un modelo económico sólido, inversiones, empleo, infraestructuras, servicios públicos dimensionados para su realidad, seguridad, una política migratoria eficaz y una relación con Marruecos que no convierta cada crisis fronteriza en un terremoto para 80.000 habitantes.
El Gobierno tiene ahora una oportunidad. Y también una obligación. Si Carlos Cuerpo viene con una respuesta económica potente, concreta y ejecutable, será bienvenido. Si viene con millones, calendario y compromisos que puedan ser fiscalizados, habrá que reconocerlo. Pero si viene a vendernos otro plan maravilloso, a pronunciar cuatro frases solemnes y a marcharse dejando detrás una carpeta llena de promesas, que sepa que los ceutíes ya no están para cuentos.
Porque esta ciudad no necesita otro ministro de visita. Necesita que el Estado se quede. Que cumpla. Que ejecute. Que responda. Y que, por una vez, cuando un Gobierno diga que va a hacer algo por Ceuta, dentro de unos años no tengamos que volver a escribir el mismo editorial preguntando dónde demonios quedó aquel plan que nos prometieron.
Menos teatro, más Estado. Menos anuncios, más ejecución. Y si Cuerpo viene con la chequera, que la abra de verdad. Porque Ceuta no está para otra foto. Está para cobrar lo que le corresponde.
