Está muy bien. Todo muy bonito. Perfecto, incluso. Que el ministro de Asuntos Exteriores, José Manuel Albares, diga con claridad que todo inmigrante que entre ilegalmente en Ceuta será devuelto y que quienes accedieron a la ciudad de forma irregular durante la entrada masiva del pasado 30 de julio también serán retornados es, sin duda, una buena noticia. Es exactamente lo que Ceuta lleva semanas reclamando: que se cumpla la ley y que se recupere el control de la frontera.
Está muy bien. Todo muy bonito. Perfecto, incluso. Que el ministro de Asuntos Exteriores, José Manuel Albares, diga con claridad que todo inmigrante que entre ilegalmente en Ceuta será devuelto y que quienes accedieron a la ciudad de forma irregular durante la entrada masiva del pasado 30 de julio también serán retornados es, sin duda, una buena noticia. Es exactamente lo que Ceuta lleva semanas reclamando: que se cumpla la ley y que se recupere el control de la frontera.
Pero Ceuta está cansada de palabras. Cansada de anuncios, de compromisos, de ruedas de prensa y de mensajes tranquilizadores. Lo que quiere ahora son hechos. Quiere comprobar que esas devoluciones se producen, que la presión migratoria disminuye y que las medidas anunciadas por el Gobierno de la Nación tienen una traducción real en las calles.
Porque mientras desde Madrid se habla de que la situación vuelve a la normalidad, muchos ceutíes siguen percibiendo una realidad muy diferente. Las calles continúan registrando una importante presencia de personas llegadas durante la crisis migratoria, al tiempo que se han sucedido episodios de robos, peleas y actos violentos que han incrementado la sensación de inseguridad entre una parte de la población. Y eso no se soluciona con una declaración política.
Ceuta quiere volver a ser Ceuta. Quiere recuperar sus calles, su tranquilidad y esa normalidad que el Gobierno anuncia a bombo y platillo, pero que todavía no termina de llegar para muchos ciudadanos. Quiere poder salir a la calle sin miedo, que sus barrios recuperen la calma y que los servicios públicos puedan afrontar la situación sin estar permanentemente al límite.
Por eso, las palabras de Albares son bienvenidas, pero ya no son suficientes. Ahora toca demostrar que aquello que se anuncia se cumple. Que quienes entraron ilegalmente serán devueltos, que la frontera vuelve a estar bajo control y que las calles recuperan la seguridad. Porque Ceuta no necesita que le expliquen que la normalidad ha regresado. Necesita poder vivirla.
