Es hora de hablar claro y dejarse de fantasmas. Las recientes declaraciones de VOX alertando sobre un supuesto peligro inminente para la soberanía de Ceuta y Melilla no son más que un ejercicio de alarmismo que, al final del día, solo sirve para quitarle el sueño a quienes realmente viven y trabajan en estas ciudades.
Es hora de hablar claro y dejarse de fantasmas. Las recientes declaraciones de VOX alertando sobre un supuesto peligro inminente para la soberanía de Ceuta y Melilla no son más que un ejercicio de alarmismo que, al final del día, solo sirve para quitarle el sueño a quienes realmente viven y trabajan en estas ciudades.
¿En qué se basa este discurso? VOX utiliza realidades innegables —la presión migratoria, el uso de la "zona gris" por parte de Rabat o el bloqueo deliberado de la aduana comercial— para construir un relato de abandono. Es cierto que Marruecos ejerce una asfixia económica y diplomática, pero confundir un pulso fronterizo con una pérdida de soberanía es, sencillamente, faltar a la verdad.
La españolidad de Ceuta no depende de si se abre o no un furgón con mercancías; depende de la Constitución, del derecho internacional y del despliegue del Estado. Convertir problemas de gestión diplomática en crisis existenciales es una estrategia política agotadora que solo genera ansiedad en el ciudadano de a pie.
Ceuta necesita soluciones económicas, inversiones y una frontera que funcione, no que se use su nombre para agitar banderas y sembrar miedo desde la distancia. La soberanía está blindada. Lo que hace falta es firmeza en Madrid, no profecías de desastre que solo castigan psicológicamente a los ceutíes. Dejen de jugar con nosotros. La soberanía no está en duda. Basta ya.