La Autopista Nacional
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Que el Jefe del Estado Mayor de la Defensa (Jemad) haya ordenado la creación de un grupo de trabajo específico para analizar los riesgos que representa Marruecos para España no es, ni mucho menos, un gesto menor. Es, más bien, una señal clara de que las advertencias que durante años se han lanzado desde Ceuta ya no pueden seguir ignorándose en los despachos de Madrid. El riesgo no es hipotético, ni abstracto. El riesgo es real, es constante y, para Ceuta, tiene rostro, frontera y consecuencias directas.

Que el Jefe del Estado Mayor de la Defensa (Jemad) haya ordenado la creación de un grupo de trabajo específico para analizar los riesgos que representa Marruecos para España no es, ni mucho menos, un gesto menor. Es, más bien, una señal clara de que las advertencias que durante años se han lanzado desde Ceuta ya no pueden seguir ignorándose en los despachos de Madrid. El riesgo no es hipotético, ni abstracto. El riesgo es real, es constante y, para Ceuta, tiene rostro, frontera y consecuencias directas.

Durante demasiado tiempo, Ceuta ha sido el canario en la mina: la primera en sufrir los efectos de las tensiones con Rabat, la primera en vivir asedios migratorios organizados, chantajes diplomáticos y campañas de desinformación que buscan minar nuestra españolidad. Y sin embargo, nos han tratado como si exageráramos, como si fuésemos una nota a pie de página en la política exterior española. Hoy, el Jemad pone el foco en lo que aquí llevamos años viendo con claridad meridiana.

Marruecos no oculta sus intenciones. Reivindica Ceuta de forma sistemática, incluso en documentos oficiales, y actúa en consecuencia: manipula flujos migratorios, presiona a la UE a través de nuestras fronteras y alimenta un relato de pertenencia que niega nuestra historia y nuestra soberanía. Que ahora se le reconozca como un riesgo por parte de la cúpula militar española debería obligar a repensar muchas cosas, empezando por la estrategia de seguridad en esta ciudad.

Ceuta no puede seguir siendo el experimento de la paciencia diplomática. Necesitamos inversiones reales en defensa, una presencia militar robusta y un respaldo político firme que deje claro a Marruecos —y a quien haga falta— que aquí no hay espacio para ambigüedades. La defensa de Ceuta no es un gesto simbólico: es una línea roja que, si se cruza, afecta a toda España.

Quizá este grupo de trabajo marque un antes y un después. Ojalá no se quede en otro comité sin consecuencias. Pero si algo demuestra esta iniciativa del Jemad es que Ceuta tenía razón. Y que ya no basta con palabras bonitas: ahora hay que pasar a los hechos.

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Ceuta, Miercoles 29 de Julio del 2026

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