La empresa aérea Hélity está poniendo en duda en los últimos tiempos una buena forma de proceder que se debe asociar con toda entidad que presta un servicio y que, como añadido, recibe una buena subvención municipal para el mantenimiento de sus dos líneas.
La empresa aérea Hélity está poniendo en duda en los últimos tiempos una buena forma de proceder que se debe asociar con toda entidad que presta un servicio y que, como añadido, recibe una buena subvención municipal para el mantenimiento de sus dos líneas.
Lo que no es nada normal es que el máximo responsable de esta empresa haga retrasar un vuelo porque él llegaba tarde y que luego, cuando llega al helicóptero, ni tan siquiera tenga a bien disculparse ante el resto de pasajeros que sí que habían pagado sus billetes, precisamente nada baratos.
Aquí se debe predicar con el ejemplo y lo que está claro es que Hélity no puede funcionar como quiera una determinada persona. Aquí se tienen que cumplir una serie de normas que deben ser iguales para todos los ciudadanos, con independencia de la persona que vaya a embarcar.
Si prima el “yo soy el que manda” en una empresa de este tipo lo normal es que funcionen por su cuenta, que no reciban ni un solo euro del Ayuntamiento y que se busquen la vida con el elevado precio del billete. Por cierto, también habrá que mirar con lupa las reservas que se hacen porque no es normal que muchos ciudadanos no puedan viajar por la supuesta venta de todos los billetes. En esta ciudad sobran los listos.
