La liberación del preso del Medinaceli sirvió para poner de manifiesto que los periodistas no disponen, precisamente, de todas las facilidades del mundo para desarrollar su trabajo, sino más bien todo lo contrario.
La liberación del preso del Medinaceli sirvió para poner de manifiesto que los periodistas no disponen, precisamente, de todas las facilidades del mundo para desarrollar su trabajo, sino más bien todo lo contrario.
Los periodistas que cubrieron la información de este acto, que se desarrolló junto a la estatua de González Tablas en pleno Paseo de las Palmeras, tuvieron que soportar las incomodidades propias de una organización que no estuvo a la altura de las circunstancias y que, nuevamente, no tuvo mucho miramiento por los profesionales de la información.
Los periodistas no tuvieron más remedio que estar casi uno encima del otro para recoger las imágenes de la liberación del preso. Eso sí, luego las autoridades quieren verse reflejadas en la fotografía, pero los periodistas …. que se busquen la vida.
Nuevamente, se dejó de manifiesto que los medios tienen que trabajar como pueden para sacar su labor adelante ante una organización que o se vio desbordada por el momento o bien no supo planificar en condiciones una cita de estas características. En fin, lo de siempre.

