La frontera del Tarajal es un auténtico despropósito. Un día sí y otro también los ceutíes tienen que desayunarse, merendarse o cenarse con colas kilométricas en el entorno del paso fronterizo que no sólo perjudican a las personas que quieren entrar o salir de la ciudad sino también a los muchos ceutíes que tienen que acudir al Hospital Universitario, muchas veces con notable emergencia.
La frontera del Tarajal es un auténtico despropósito. Un día sí y otro también los ceutíes tienen que desayunarse, merendarse o cenarse con colas kilométricas en el entorno del paso fronterizo que no sólo perjudican a las personas que quieren entrar o salir de la ciudad sino también a los muchos ceutíes que tienen que acudir al Hospital Universitario, muchas veces con notable emergencia.
Las autoridades locales deberían adoptar medidas serias para evitar que estas situaciones se repiten porque está claro que, de prolongarse en el tiempo, cualquier día tendremos que lamentar alguna desgracia producida por estos enormes atascos que ocasionan numerosos trastornos a los ciudadanos.
Ya sabemos que Marruecos es un país soberano y que cierra y abre la frontera cuando le viene en gana pero alguien debería hacer entender al país vecino que éstas no son las formas adecuadas para garantizar una fluidez en el tránsito.
Y lo peor de todo es que en la última celebración de los Santos Ángeles Custodios, el patrón de la Policía Nacional, el asesor de fronteras de la Delegación del Gobierno recibió una distinción por su labor. Vamos, para mearse y no echar ni gota.

