La forma en la que tienen algunos diputados de la Asamblea de Ceuta de expresarse en el pleno no son, ni mucho menos, las más correctas y hace que, en infinidad de ocasiones, el salón de plenos se convierta en un auténtico patio de barriada donde prima el que más insulte o más alto levante la voz.
La forma en la que tienen algunos diputados de la Asamblea de Ceuta de expresarse en el pleno no son, ni mucho menos, las más correctas y hace que, en infinidad de ocasiones, el salón de plenos se convierta en un auténtico patio de barriada donde prima el que más insulte o más alto levante la voz.
Y se ha visto en las últimas semanas con la celebración de unas sesiones plenarias con escasos puntos de verdadera trascendencia y con muchas interpelaciones “de andar por casa”.
Los “espectáculos” de Juan Luis Aróstegui, las lecciones de moralidad de un Mohamed Alí que sigue conservando su escaño pese a estar imputado o las continuas referencias a la forma de llamarse los consejeros por parte de Fátima Hamed son ya argumentos que cansan y agotan la paciencia.
Y si encima salen a relucir insultos pues, apaga y vámonos. Algunos se retratan en los plenos y ésto, a la larga, también repercute en unas elecciones ya que cada vez son menos los ceutíes que acuden a las urnas. Y no nos extraña teniendo en cuenta el panorama.

