Como suele decir el refrán: éramos pocos y parió la abuela. Así le sucede a nuestra ciudad, que ha visto cómo esta misma semana un perro ha fallecido como consecuencia de la enfermedad de la rabia.
Como suele decir el refrán: éramos pocos y parió la abuela. Así le sucede a nuestra ciudad, que ha visto cómo esta misma semana un perro ha fallecido como consecuencia de la enfermedad de la rabia.
Esta circunstancia ha obligado a adoptar una serie de medidas preventivas que no sólo incluyen la puesta en marcha de una campaña extraordinaria de vacunación sino también el cierre de la playa de Santa Catalina o el parque de perros, con la intención de evitar la concentración de mascotas.
En lo que hay que insistir ahora es en descubrir cómo ese animal se contagió de la rabia porque ahora no se le puede echar la culpa a la frontera con Marruecos, que permanece totalmente cerrada.
Las autoridades deben ser más insistentes en la investigación porque no sólo vale con aplicar medidas a posteriori sino en determinar el origen de este problema que se añade a los muchos que ya soporta esta ciudad.

