Es curioso que una de las personas que menos respeto tiene en nuestra ciudad hacia todo el mundo sea quien clame por el respeto hacia otros, sobre todo a los que llegan a nuestra ciudad a bordo de pateras o balsas.
Es curioso que una de las personas que menos respeto tiene en nuestra ciudad hacia todo el mundo sea quien clame por el respeto hacia otros, sobre todo a los que llegan a nuestra ciudad a bordo de pateras o balsas.
Y es que suele suceder que el que tiene más que callar es el primero que habla. Sin embargo, para pedir respeto primero hay que predicar con el ejemplo y en este caso, el de la fea, no lo es.
Resulta que la fea suele faltar al respeto no sólo a sus compañeros de trabajo sino a otros colegas de la profesión, sin importarle lo más mínimo el daño que pueda causar. Falta el respeto allá por donde va cuando tenía que estar agradecida porque llegó a Ceuta con una mano delante y otra detrás.
Pero la fea se ha subido a la parra e intenta dar ejemplo de algo de lo que no puede porque ella misma no tiene respeto hacia nadie y así le va en la vida. El respeto hay que ganárselo y algunos se creen que son poseedores del mismo porque lo pidan para lo demás. Un lamentable error porque absolutamente nadie se cree eso del respeto que pide la fea.

