La Operación Paso del Estrecho está afrontando en estos días las situaciones más desesperantes en lo que se refiere a la fase de retorno, que supone el regreso a sus lugares de trabajo en Europa de los miles de emigrantes magrebíes que han pasado sus vacaciones en el país marroquí.
La Operación Paso del Estrecho está afrontando en estos días las situaciones más desesperantes en lo que se refiere a la fase de retorno, que supone el regreso a sus lugares de trabajo en Europa de los miles de emigrantes magrebíes que han pasado sus vacaciones en el país marroquí.
Pues bien, como era previsible, en el lado marroquí de la frontera las colas se están haciendo interminables, con más de nueve horas de espera y sin que las autoridades marroquíes hayan puesto los medios necesarios para favorecer este tránsito.
Sin embargo, nadie le dice nada a Marruecos, un país que no ha habilitado zonas de espera y que ni tan siquiera reparte agua entre los coches que esperan horas y horas para cruzar el Tarajal.
Si eso mismo pasara en Ceuta faltarían las voces críticas, las visitas a la explanada y las protestas. Pero a Marruecos, está claro, nadie le dice nada, no vaya a ser que el vecino se moleste. Vaya asco de esta doble moral.
