La memoria de reclamaciones del Banco de España, que hemos podido conocer hoy, ofrece el alarmante dato de que se han duplicado las operaciones presuntamente fraudulentas, con tarjeta o por pago digital, lo que nos obliga a exigir a las entidades que refuercen los mecanismos de seguridad para proteger la operativa del cliente.
La memoria de reclamaciones del Banco de España, que hemos podido conocer hoy, ofrece el alarmante dato de que se han duplicado las operaciones presuntamente fraudulentas, con tarjeta o por pago digital, lo que nos obliga a exigir a las entidades que refuercen los mecanismos de seguridad para proteger la operativa del cliente.
Pero consideramos que con este tema se tiene que ir más allá. El propio supervisor, en las respuestas a las reclamaciones, afirma no ser competente para determinar si los sistemas fallan o no en este tipo de fraude, pero hay que recordar que, de conformidad con la Ley de Servicios de Pago, la entidad no puede negarse a restituir el dinero sin haber probado la negligencia o mala fe del consumidor, lo que supone una mala práctica que el supervisor denunciar.
De hecho, las entidades se acogen a menudo a la negligencia del consumidor, cuando muchas veces son sus sistemas los que han sido hackeados como hemos visto con la brecha de seguridad que se generó en los sistemas de Unicaja. Las entidades se niegan a reconocer que les han robado datos y rara vez actúan con diligencia y retornando el 100% del capital sustraído a sus clientes.
Por otro lado, las entidades tendrían que estar dando parte al Banco de España de estas operaciones fraudulentas y no lo están haciendo, lo que nos lleva a pensar que el problema puede tener una dimensión aún mayor.
En otro orden de cosas, seguimos a vueltas con las tarjetas revolving, que ocupan de nuevo la tercera posición, solo por detrás de las comisiones, otro foco de reclamaciones que tampoco nos sorprende. Con relación a las revolving, vemos que año tras año ocasiona problemas al consumidor, sin que por el momento hayan surtido el efecto deseado los mecanismos de reforzamiento de transparencia.
Estamos convencidos de que, más allá de informar al consumidor sobre el instrumento de pago que adquiere con una revolving, el problema reside en el mecanismo de amortización de la deuda que plantea, y que conduce con mucha facilidad al sobreendeudamiento y problemas financieros de las familias.
Finalmente, vemos que han aumentado las reclamaciones por el Código de Buenas Prácticas bancarias: los bancos están contestando tarde, lo que está ocasionando graves perjuicios a los consumidores que están en una situación de asfixia económica que se alarga meses.



