Hay palabras que, pronunciadas desde un despacho de Madrid, pueden parecer meros conceptos técnicos. En Ceuta, sin embargo, tienen rostro, cansancio y consecuencias. Por eso cuesta tanto aceptar que la ministra de Sanidad, Mónica García, haya venido a una ciudad sometida a una presión asistencial extraordinaria para decirnos que aquí no hay "colapso sanitario". Quizá técnicamente prefiera llamarlo de otra manera. Quizá los números permitan sostener esa etiqueta. Pero quienes llevan quince días doblando esfuerzos, quienes están atendiendo una situación absolutamente excepcional y quienes conocen de primera mano lo que está ocurriendo difícilmente pueden sentirse representados por semejante ejercicio de minimización.
Hay palabras que, pronunciadas desde un despacho de Madrid, pueden parecer meros conceptos técnicos. En Ceuta, sin embargo, tienen rostro, cansancio y consecuencias. Por eso cuesta tanto aceptar que la ministra de Sanidad, Mónica García, haya venido a una ciudad sometida a una presión asistencial extraordinaria para decirnos que aquí no hay "colapso sanitario". Quizá técnicamente prefiera llamarlo de otra manera. Quizá los números permitan sostener esa etiqueta. Pero quienes llevan quince días doblando esfuerzos, quienes están atendiendo una situación absolutamente excepcional y quienes conocen de primera mano lo que está ocurriendo difícilmente pueden sentirse representados por semejante ejercicio de minimización.
La propia ministra ha reconocido que hay servicios "especialmente tensionados", que los profesionales están realizando un "sobreesfuerzo" y que la situación "no es normal".
También ha admitido que se han atendido 5.800 migrantes en apenas quince días y que ha sido necesario contratar a más de 60 profesionales. Entonces, ¿qué más tiene que ocurrir para que desde el Ministerio se entienda que Ceuta está viviendo una situación sanitaria extraordinaria? ¿Tenemos que esperar a que falte una cama, a que un profesional se rompa definitivamente o a que un servicio deje de poder responder para que Madrid considere que existe un problema?
Resulta especialmente desafortunado que la ministra haya empleado buena parte de su comparecencia en combatir la palabra "colapso", en lugar de escuchar a quienes llevan semanas denunciando una realidad que ella misma reconoce parcialmente. Porque el problema no es ganar una discusión semántica. El problema es que Ceuta está soportando una presión que no puede considerarse normal y que se produce sobre un sistema sanitario que arrastra desde hace años problemas de falta de profesionales, dificultad para cubrir plazas y carencias estructurales. Decir que no hay colapso porque todavía quedan camas libres no puede convertirse en la excusa para mirar hacia otro lado.
Y hay otra cuestión que no debería confundirse. Nadie necesita que desde Madrid se alimente el miedo ni que se vincule automáticamente inmigración y enfermedad. Pero tampoco hace ningún favor a los ceutíes negar los problemas sanitarios que la propia ministra ha puesto encima de la mesa. García ha reconocido casos de tuberculosis, menores con Mantoux positivo, problemas de higiene y un riesgo epidemiológico moderado para los propios migrantes. Ha pedido espacios para garantizar agua, higiene, aislamiento y control epidemiológico. Es decir, la emergencia existe. Está ahí. Tiene incluso la suficiente entidad como para que la ministra reclame una actuación urgente fuera de los hospitales.
Ceuta no necesita que le expliquen que su sistema sanitario sigue funcionando. Lo sabe. Lo que necesita es que el Gobierno entienda que mantenerlo funcionando en estas circunstancias exige mucho más que felicitar a sus profesionales por haber evitado el colapso. Necesita recursos, previsión, personal y soluciones para el presente, pero también compromisos para el futuro. Porque si la conclusión de todo esto es que, como los sanitarios han conseguido aguantar, entonces no ha pasado nada grave, estaremos cometiendo el peor de los errores: convertir la capacidad de sacrificio de los profesionales en una coartada para no reforzar aquello que ya está sometido al límite.
Ministra, Ceuta no le está pidiendo que declare una catástrofe sanitaria si los datos no lo permiten. Le está pidiendo algo mucho más sencillo: que no minimice lo que está ocurriendo. Aquí no necesitamos que nos tranquilicen desde un atril. Necesitamos que nos escuchen, que miren a los profesionales a los ojos y que actúen. Porque cuando una ciudad necesita contratar de urgencia decenas de sanitarios, atender a miles de personas en pocos días y habilitar circuitos extraordinarios mientras se enfrenta además a una emergencia humanitaria, quizá el debate no debería ser si podemos llamarlo "colapso". Quizá debería ser cómo evitamos que llegue a serlo.



