La denominada Gala de la FFCE que ha servido para entregar los trofeos de la temporada 2016-17 ha servido para el lucimiento personal de los dirigentes federativos y de la Ciudad Autónoma y no ha sido una fiesta para los jóvenes deportistas que eran los auténticos protagonistas tras ganarse, con su esfuerzo, el justo merecimiento.
La denominada Gala de la FFCE que ha servido para entregar los trofeos de la temporada 2016-17 ha servido para el lucimiento personal de los dirigentes federativos y de la Ciudad Autónoma y no ha sido una fiesta para los jóvenes deportistas que eran los auténticos protagonistas tras ganarse, con su esfuerzo, el justo merecimiento.
Y esto se puede decir en voz alta ya que es poco entendible que la Federación haya restringido el pase al Teatro del Revellín a dirigentes de clubes y familiares de los jugadores que estaban galardonados, mientras que se han entregado pases a personas que ni saben donde están los campos de fútbol y fútbol-sala de la Ciudad.
A todo esto hay que unirle la pesadez una vez más de este acto, en el que el presidente de la FFCE, Antonio García, ha cogido la palabra durante más de diez minutos y le ha seguido el presidente de la Ciudad, Juan Vivas, que ha contado cosas que ya relató el año pasado y que no venían a cuento.
Un pedazo de tostón que sólo vale para el lucimiento personal de algunos y en el que los auténticos protagonistas son prácticamente un cero a la izquierda.
