El fenómeno de los menores extranjeros no acompañados (MENA) ha ido evolucionando increíblemente a lo largo del tiempo, pero lo que no es nuevo es que ha ido acentuándose con el paso de los años en nuestro país, donde no se ven objetivos claros ni metodología alguna para poder implantarla en este tipo de centros a nivel nacional.
El fenómeno de los menores extranjeros no acompañados (MENA) ha ido evolucionando increíblemente a lo largo del tiempo, pero lo que no es nuevo es que ha ido acentuándose con el paso de los años en nuestro país, donde no se ven objetivos claros ni metodología alguna para poder implantarla en este tipo de centros a nivel nacional.
Lo que es evidente y no una crítica destructiva a la administración ceutí, es que ésta carece de las herramientas para poder dar solución a un problema tan importante como los MENA, pero lo que sí es cierto es que el Gobierno central tendría que aplicar las políticas nesesarias, para no dejar a Ceuta sin poder de actuación.
Sin ir más lejos en el día de hoy un centro como el de La Esperanza, con una capacidad alrededor de unas 90 plazas para menores, se encuentra al 375 por ciento de su capacidad, conllevando ni más ni menos que, a la agresión de un agente de seguridad privada por parte de un menor que no ha querido acatar las normas del centro. Estos casos de agresión no son aislados, ya que suelen pasar con bastante frecuencia. Estos hechos ocurren sencillamente porque aumenta la entrada de menores, pero no la contratación de personal, de ahí que la seguridad del centro, se vea mermada y no precisamente porque los profesionales de este centro no realicen un gran trabajo, tal y como el que realizan a diario.
No son suficientes las partidas de dinero que se aportan, debería existir buena fe por parte de todos los involucrados. También deberían reunirse para dialogar con el país vecino y llegar a compromisos y que no sean únicamente la firma de convenios internacionales que, más tarde se incumplen.

