Cartas al Director
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En siglos anteriores, esta pregunta o enunciado estaba claro, cada ser humano, además de cumplir con sus deberes de estado, tenía que luchar por la salvación de su propia alma. 

Plantear, incluso, hoy esta cuestión, no es que prácticamente, lean o no, esta ristra de palabras e ideas y frases, es tomarte, para siempre la persona/lectora te cierren todas las posibilidades de que el hipotético lector/a vuelva a entrar en tus palabras. 

Durante siglos en Europa, se tenía claro, que cada uno, tenía que cumplir con su deber, no solo su trabajo, sino el deber/derecho de su estado de vida, sea laico o religioso, según su propia situación. Pero que además de todo ello, todo lo que comporta, por ejemplo, crear/criar una familia, tenía que ocuparse de su propia salvación, y, en la medida de lo posible, no incentivar o escandalizar a nadie, para que las propias ideas y conducta, no ayudase a otros a la no salvación, sino a la salvación… 

Durante siglos y generaciones, la mayoría de la población en Europa, fuese adherido a un cristianismo o a otro, tenía varias convicciones, que existía Dios, que cada uno tenía alma o principio de inmortalidad, que existiría un Juicio Particular, en el cual se dilucidaría su propia salvación eterna, y que existía una Eternidad Buena al Lado de Dios, y, una eternidad mala fuera de Dios o en el infierno. 

Durante siglos en Europa, no teníamos el panorama de hoy, hoy, una parte de la población, de esas cuatro acepciones o fórmulas o enunciados o conceptos o proposiciones, unos, no creen en ninguna, o dicen no creerlo, habría que percibir en su fuero interno, ellos solos con ellos solos. Y, otros, creen en algunas y en otras afirmaciones no. O, unas las niegan, otras la afirman, otras las dudan. Unas las niegan por convicciones teóricas, otras, porque no les interesa en la práctica, por razones, de seguir haciendo lo que quieran… 

Durante siglos en Europa, al tener una mayoría de la población esas convicciones, de que existiría Juicio Particular y Eternidad Buena y eternidad mala, para cada ser humano. Cada uno, fuese virrey o fuese un gran cargo o fuese un modesto y humilde ser humano en el entresijo del organismo social de cada tiempo. Intentaba al menos, porque su alma valía lo mismo que las de los demás. Por muchas diferencias sociales y económicas y culturales y políticas que hubiese, todo el mundo sabía, que al final, su propia alma tenía el mismo valor que el alma del emperador del momento. Y, que cada uno, tenía que luchar por su propia salvación 

Durante siglos en Europa, la inmensa mayoría de la población se esforzaba por la propia salvación, dentro del orbe cristianismo, según la interpretación de su iglesia, pero luchaban por cumplir los diez mandamientos, no caer en los siete errores morales graves o pecados capitales (ira-cólera, soberbia-vanidad, gula, lujuria, envidia, pereza y, me falta uno… - búsquenlo ustedes en Internet o en algún libro-. Porque sabían que de cumplir las normas jurídicas, las normas sociales, las normas de su propio estado, según su trabajo y su familia, hacerlo en el bien y en la bondad y en la virtud, de cumplir todo eso, pues tendría la salvación eterna –o, al menos, arrepentirse seria y profundamente, al menos, en el último momento-. Por supuesto, que después, estaban los sacramentos, pero de esto no podemos dialogar en este modesto regimiento de palabras… 

Durante siglos, existía más percepción y más equidad y justicia, en cuanto a la distinción del bien y del mal. Por tanto, de la propia salvación y la de los otros. Una persona, podría caer en un error moral grave, pero por lo general, él o ella no llamaban bien a lo que era un mal, ni se expresaba en mil modos o mil  maneras para justificarse. Sino que se decía, con muchas palabras o pocas, es que estos actos o aptitudes o actitudes, son malas moralmente, y, lo que sucede, es que no soy capaz de controlarme y autocontrolarse. Asistía, en mayor o menor grado, a su confesión religiosa, por lo general cristiana, y ella, le ayudaba, en mayor o menor medida, a ponerse en equilibrio, consigo mismo, a luchar contra su vicio o desvirtuad o hábito negativo, porque todo el mundo sabía y conocía, que existían dos realidades en una. Existía un mundo inmanente que es este, pero dentro de este, cada uno, tenía su alma, a la que había que cuidar y regar y podar de forma adecuada… 

Durante siglos en Europa, cada uno cuidaba la salvación de su alma. Era y es el mayor negocio del mundo. Porque si alguien tiene enormes éxitos en la vida, pero pierde su alma, habrá perdido todo. Si alguien, no tiene éxitos en la vida, pero encima también, pierde su alma, habrá perdido todo en esta vida y en la Otra. 

La pregunta ahora, es simple y llana, ¿cuida usted, sin negar y renegar de su estado de vida, cuida usted de la salvación eterna de su alma o no…?

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Ceuta, Viernes 07 de Octubre del 2022

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