Cartas al Director
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Esta semana Juan Jesús Vivas ha vuelto a ocupar la primera línea informativa. Ha dado la cara ante una avalancha migratoria que sus propias palabras describieron como sin precedentes, ha pedido al Gobierno central la declaración de emergencia nacional y ha denunciado que los centros de menores de la ciudad llegaron a rozar el 1.600% de su capacidad. Es una foto que le favorece: el presidente que planta cara, que exige, que no se esconde. Y hay que reconocérselo sin regateos: en plena crisis, Vivas ha estado ahí, visible, reclamando ayuda para una ciudad desbordada.

Esta semana Juan Jesús Vivas ha vuelto a ocupar la primera línea informativa. Ha dado la cara ante una avalancha migratoria que sus propias palabras describieron como sin precedentes, ha pedido al Gobierno central la declaración de emergencia nacional y ha denunciado que los centros de menores de la ciudad llegaron a rozar el 1.600% de su capacidad. Es una foto que le favorece: el presidente que planta cara, que exige, que no se esconde. Y hay que reconocérselo sin regateos: en plena crisis, Vivas ha estado ahí, visible, reclamando ayuda para una ciudad desbordada.

Pero un político no se mide solo por su mejor semana. Se mide por veinticinco años de gestión, porque Vivas preside la Ciudad Autónoma desde el 8 de febrero de 2001, tras una moción de censura contra el entonces presidente Antonio Sampietro. Un cuarto de siglo da para mucho, y conviene preguntarse qué ha pasado en Ceuta durante todo ese tiempo, no solo en las semanas en que las cámaras apuntan hacia él.

La Ceuta que dejan las cifras

Según los datos de la Encuesta de Condiciones de Vida del INE, difundidos por EAPN-ES, Ceuta arrastra una de las tasas de pobreza y exclusión social más altas de todo el país: en torno al 42% de su población está en riesgo de pobreza o exclusión, solo por detrás de Melilla y muy por encima de la media nacional, que ronda el 26%.

Hablamos de decenas de miles de personas en una ciudad de apenas 85.000 habitantes. Y el dato más doloroso: la infancia es el grupo más golpeado, con más de un tercio de los menores de 16 años en situación de exclusión. Esa cifra no ha bajado con los años; en algunos informes recientes incluso ha repuntado ligeramente mientras la media española mejoraba.

Esto no es un problema que haya caído del cielo la semana pasada. Es la fotografía acumulada de dos décadas y media de gobierno del mismo presidente.

Los chiringuitos y las causas pendientes

La ciudad autónoma arrastra también su propia genealogía de escándalos. El caso Emvicesa la mayor causa de corrupción urbanística de la historia de Ceuta, centrada en la adjudicación irregular de viviendas de protección oficial a cambio de dinero llevó al banquillo a más de sesenta personas, entre ellas dos consejeras del propio Gobierno de Vivas y un diputado autonómico. La instrucción reveló un entramado en el que, según testimonios recogidos en la causa, se llegaron a pagar miles de euros para conseguir una vivienda pública.

Más recientemente, la incorporación del hijo de Vivas como número uno de una oposición en la Autoridad Portuaria de Ceuta, presidida por un tribunal en el que participaba un cargo del PP local, generó un escándalo que trascendió a medios nacionales y motivó un recurso de impugnación por parte de otro opositor. Y medios locales han recogido que el propio presidente arrastraba, según distintas informaciones, varios procesos judiciales pendientes a lo largo de su trayectoria.

No hace falta acudir a la sospecha ni a la insinuación: los datos de los juzgados, cuando se producen sentencias, hablan solos. Lo que sí cabe preguntarse es cómo convive, en el relato público de estos años, la imagen del gestor íntegro con este historial acumulado de causas y escándalos que han salpicado a su entorno más próximo.

Barrios de primera y barrios de segunda

Quien camina por el Príncipe Alfonso, el Sarchal o Benzú y luego lo hace por el centro de Ceuta no necesita estadísticas para notar la diferencia: infraestructuras, mantenimiento urbano, servicios y oportunidades no se reparten igual. Esa desigualdad territorial, documentada también en los mismos informes de pobreza que sitúan a Ceuta a la cabeza del país, no es una fatalidad geográfica. Es, en buena medida, el resultado de veinticinco años de decisiones o de ausencia de decisiones sobre dónde invertir y a quién priorizar.

Reconocer sin blanquear

Nada de esto pretende restar mérito a la gestión que Vivas ha hecho visible estas semanas frente a una crisis migratoria real y grave. Pedir ayuda al Estado, plantar cara, exigir recursos: es lo que corresponde a un presidente en ese momento, y conviene decirlo con honestidad. Pero convertir esa foto puntual en el resumen de todo un mandato sería un ejercicio de amnesia colectiva. El hombre del momento de agosto de 2026 es el mismo que llevaba veinticinco años gobernando una ciudad donde la pobreza no ha dejado de estar entre las más altas de España, donde las causas de corrupción han marcado la vida política local y donde persisten profundas diferencias entre barrios. Ambas cosas son ciertas a la vez, y ninguna de las dos debería tapar a la otra.

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Ceuta, Lunes 17 de Agosto del 2026

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