La Policía Nacional consiguió desarticular una estructura criminal que habría utilizado una compleja galería subterránea entre Marruecos y Ceuta para introducir droga en España. La investigación deja 27 detenidos, más de 17 toneladas de estupefacientes intervenidas y una incógnita de fondo: si la frontera del Tarajal esconde más pasos bajo tierra.
La Policía Nacional consiguió desarticular una estructura criminal que habría utilizado una compleja galería subterránea entre Marruecos y Ceuta para introducir droga en España. La investigación deja 27 detenidos, más de 17 toneladas de estupefacientes intervenidas y una incógnita de fondo: si la frontera del Tarajal esconde más pasos bajo tierra.
Ceuta vuelve a mirar al subsuelo del Tarajal. Lo que durante años sonaba a hipótesis policial —la posibilidad de que el hachís no solo entrara por mar, por el puerto o por carretera, sino también bajo tierra— se ha convertido en una realidad documentada por segunda vez en poco más de un año. La Policía Nacional ha localizado en una nave industrial próxima a la frontera con Marruecos un narcotúnel de gran complejidad técnica, dotado de tres niveles, raíles, vagonetas, poleas, sistemas de achique e insonorización. La operación, desarrollada en varias fases, se ha saldado con 27 detenidos, más de 17 toneladas de droga intervenidas, 1,43 millones de euros en efectivo, 66 equipos de comunicación y 15 vehículos de lujo.
El acceso al túnel estaba oculto tras un refrigerador insonorizado de grandes dimensiones. Detrás de esa cobertura, los agentes encontraron una infraestructura que no respondía a una improvisación, sino a una obra pensada para mover grandes cargamentos de hachís con discreción, seguridad y continuidad. Según los datos difundidos por la Policía, la galería tenía un pozo de descenso, una cámara intermedia para almacenar fardos —la denominada “narcodespensa”— y una línea final en dirección a Marruecos.
La estructura permitía trasladar los fardos sin contacto visual directo entre quienes operaban a ambos lados del alijo. Ese detalle es clave para entender la sofisticación del sistema: en caso de caída policial, la compartimentación dificulta identificar a todos los participantes. Los raíles, las vagonetas, las poleas y las grúas servían para mover palés de droga por el interior del túnel, mientras que las bombas de achique mantenían operativa la galería pese a la presencia de aguas subterráneas.

Las mediciones conocidas apuntan a una bajada de unos 19 metros, con un pasadizo de aproximadamente 1,20 metros de altura y 80 centímetros de ancho. Sin embargo, el recorrido completo y el punto exacto de salida no han quedado plenamente determinados de forma pública, entre otras razones porque parte de la galería se encontraba inundada. Tras semanas de inspección, la Policía precintó la nave y el túnel, mientras los investigadores seguían pendientes de datos procedentes del lado marroquí.
La dirección operativa del tráfico era clara: introducir hachís desde Marruecos en Ceuta para su posterior distribución hacia la Península y Europa. Lo que no puede afirmarse con la misma rotundidad, a falta de información judicial completa, es desde qué lado comenzó físicamente la excavación. Lo probado es que el acceso descubierto estaba en una nave del Tarajal y que la galería avanzaba hacia territorio marroquí; algunos medios locales sostienen que las galerías “nacían” en Marruecos y desembocaban en naves ceutíes, pero la salida exacta sigue siendo uno de los puntos sensibles de la investigación.
La Policía sitúa en la cúspide del entramado a dos figuras. Una, asentada en Marruecos, ha sido descrita por los investigadores como el presunto “narcoarquitecto” o “patrón de los túneles”, también vinculado al primer narcotúnel descubierto en Ceuta en el año 2025. La otra, en Ceuta, habría actuado como responsable de la negociación de envíos y acuerdos relacionados con la droga intervenida. El País identifica al primero como Mustafá Chairi B., empresario marroquí de Fnideq, detenido el 26 de marzo en la Operación Ares, junto a otras 26 personas.

La red no funcionaba como un grupo pequeño y aislado, sino como una organización criminal con ramificaciones logísticas. La investigación arrancó en febrero de 2025 y permitió seguir distintas vías de transporte: camiones de gran tonelaje, embarcaciones de alta velocidad en la costa andaluza, contactos con organizaciones asentadas en La Línea y conexiones con Galicia para posibles traslados por vía marítima. Entre los golpes previos figuran 510 kilos de hachís intervenidos en una vivienda del Príncipe, 432 kilos en Cabrerizas Altas, 15 toneladas en Almería y 480 kilos en Málaga.
No se puede decir que todo esté cerrado. Hay 27 detenidos y una quincena de arrestados ingresó en prisión provisional, pero la propia dimensión de la causa, sus ramificaciones internacionales y la necesidad de esclarecer el lado marroquí impiden presentar el caso como una investigación completamente agotada. Según fuentes citadas por El País, la causa ha sido remitida a la Audiencia Nacional por su complejidad y por el entramado internacional que aborda.
Sobre cuánto se tardó en construir el narcotúnel, no existe una cifra oficial cerrada. Lo razonable, atendiendo a los datos publicados, es hablar de meses de trabajo, no de días. La excavación requería conocimientos técnicos, inversión, medios para extraer tierra o roca, insonorización, bombeo de agua, raíles, vagonetas y una nave de cobertura. Además, las escuchas citadas por El País apuntan a que en noviembre de 2025 aún se hablaba de una posible oquedad y de “40 metros” pendientes, lo que refuerza la idea de una obra prolongada y planificada.
La gran pregunta que queda sobre la mesa es si hay más túneles. No hay confirmación oficial de nuevas galerías, pero el hallazgo de dos infraestructuras en el mismo entorno del Tarajal en poco más de un año ha disparado la preocupación de los investigadores. La primera fue localizada por la Guardia Civil en 2025; la segunda, por la Policía Nacional en 2026, a escasa distancia. Esa repetición obliga a contemplar que el subsuelo se haya convertido en una ruta alternativa del narcotráfico cuando aumenta la presión en el mar, en los puertos o en los pasos fronterizos.

También hay una cuestión diplomática y judicial de fondo. Mientras algunas fuentes apuntan a que se ha solicitado colaboración a Marruecos para completar el recorrido y determinar el extremo marroquí de la galería, el medio Europa Sur ha publicado que las comisiones rogatorias enviadas desde España no habrían obtenido respuesta suficiente. Ese punto es esencial: sin conocer qué ocurría al otro lado de la frontera, la fotografía de la red queda incompleta.
El narcotúnel del Tarajal no es solo una infraestructura clandestina. Es el símbolo de una adaptación criminal: cuando se vigila el mar, el narco busca tierra; cuando se controlan los camiones, explora las lanchas; cuando se refuerza la frontera visible, excava una frontera invisible. La investigación ha dado un golpe importante a la llamada “red de redes del hachís”, pero también ha dejado una advertencia: Ceuta no solo tiene que mirar al Estrecho, al puerto y al perímetro fronterizo. Desde ahora, también tendrá que mirar bajo sus pies.
