Con inmenso gozo, me dirijo a todos vosotros al llegar, un año más, la festividad de nuestra amadísima Madre y Patrona, Santa María de África. Estas fechas son siempre ocasión de encuentro, de fe compartida y de profunda devoción mariana. Por ello, en nombre de toda la Iglesia de Ceuta, os felicito de corazón estas fiestas patronales.
Con inmenso gozo, me dirijo a todos vosotros al llegar, un año más, la festividad de nuestra amadísima Madre y Patrona, Santa María de África. Estas fechas son siempre ocasión de encuentro, de fe compartida y de profunda devoción mariana. Por ello, en nombre de toda la Iglesia de Ceuta, os felicito de corazón estas fiestas patronales.
Os animo a vivir intensamente los actos en honor a Nuestra Madre, muy especialmente la novena preparatoria, que nos dispone espiritualmente para la gran Solemnidad del día 5 de agosto. Que cada celebración, cada oración, cada alabanza a Santa María de África, sea expresión de un pueblo creyente que se siente amado y protegido bajo su manto maternal. Vivamos también con profunda emoción y recogimiento la especial veneración a la Virgen, signo sencillo pero lleno de amor y gratitud de un pueblo fiel a su Madre del cielo.
La Virgen de África no es solo una imagen venerada con cariño centenario, sino que es faro que nos orienta hacia Cristo y consuelo en nuestras dificultades. Bajo su manto, generaciones de ceutíes han hallado refugio, fortaleza y aliento en los momentos de incertidumbre. Ella, que sostiene en sus brazos al Hijo entregado, nos enseña con su silencio y su amor a caminar con fe en medio de las pruebas. Que cada paso que demos hacia Ella sea una súplica por la paz: paz en nuestros corazones, paz en nuestras familias, paz en nuestra Ciudad de Ceuta y en todo el mundo.
Este año, además, la celebración se reviste de una gracia especial, al encontrarnos inmersos en el Año Santo Jubilar convocado por el Santo Padre, el Papa Francisco, bajo el lema “Peregrinos de Esperanza”, donde se nos invita a renovar nuestra vida cristiana, a volver a Dios con corazón agradecido y a ser testigos de la esperanza que no defrauda. En estos tiempos necesitados de consuelo y luz, María, Madre de la Santa Esperanza, se nos presenta como guía segura hacia su Hijo Jesucristo. Que ella nos enseñe a no desfallecer en la fe, a vivir con alegría el Evangelio, y a sostenernos unos a otros en la caridad.
Que Santa María de África, estrella luminosa de nuestro peregrinar, nos bendiga y proteja siempre.
D. Francisco Jesús Fernández Alcedo.
