Os saludo de todo corazón en estos días de Navidad y quiero haceros llegar la mejor de mis bendiciones para este año nuevo que comenzamos.
Os saludo de todo corazón en estos días de Navidad y quiero haceros llegar la mejor de mis bendiciones para este año nuevo que comenzamos.
Acabamos de inaugurar el año Jubilar en Roma y también en todas las Diócesis. Un tiempo de gracia y de esperanza. El papa Francisco nos hace partícipes de este jubileo invitándonos a vivirlo como “Peregrinos de la Esperanza”. Un Año Santo caracterizado por la esperanza que no declina, la esperanza en Dios. Que nos ayudará también a recuperar la confianza necesaria —tanto en la Iglesia como en la sociedad— en los vínculos interpersonales, en las relaciones internacionales, en la promoción de la dignidad de toda persona y en el respeto de la creación. Que el testimonio creyente pueda ser en el mundo levadura de genuina esperanza, anuncio de cielos nuevos y tierra nueva (cf. 2 P 3,13), donde habite la justicia y la concordia entre los pueblos, orientados hacia el cumplimiento de la promesa del Señor.
La esperanza debe iluminar nuestra vida incluso en los momentos más difíciles. Sabemos que el dolor nunca tiene la última palabra. Muestra de ello lo hemos visto en los acontecimientos tan dramáticos que ha vivido el pueblo de Valencia, pero que nos ha conmocionado a todos. A pesar de ello, han aparecido muchos signos de esperanza y hemos visto a muchas personas que han fortalecido a los más débiles. Una verdadera experiencia de solidaridad que ha sacado lo mejor que hay en el corazón del ser humano, arriesgando la propia vida para salvar la de los demás. Testimonio, que desde la espontaneidad, ha mostrado el auténtico espíritu de servicio y entrega que nuestra sociedad necesita. Todo ello, como un modo de acercarnos a los que están sufriendo para aliviar en lo posible su dolor, para sembrar esperanza en su corazón y recordarnos que la auténtica solidaridad es la de aquellos que ponen a las personas sufrientes en el centro de su acción y se olvidan de sí mismos y de sus intereses.
En esta nueva oportunidad que tengo de dirigirme a los Ceutíes hago mías las palabras del Papa Francisco en la Bula de convocatoria del jubileo del año 2025: “Dejémonos atraer desde ahora por la esperanza y permitamos que a través de nosotros sea contagiosa para cuantos la desean. Que nuestra vida pueda decirles: «Espera en el Señor y sé fuerte; ten valor y espera en el Señor» (Sal 27,14). Que la fuerza de esa esperanza pueda colmar nuestro presente en la espera confiada de la venida de Nuestro Señor Jesucristo, a quien sea la alabanza y la gloria ahora y por los siglos futuros”.
Encomiendo a Santa Maria de África, Madre de la Santa Esperanza, este Nuevo Año.
+ Francisco Jesús Fernández Alcedo
