Cartas al Director
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Han pasado ya más de dos semanas desde los lamentables sucesos de la frontera de El Tarajal, y miles de personas indocumentadas siguen paseándose por nuestra ciudad. Los ceutíes hemos pasado ya por varias etapas, algunas concurrentes: desconcierto al principio, miedo, hartazgo, impotencia y, finalmente, abandono. Son palabras fáciles de escribir, pero difíciles de entender si no lo vives in situ. Sentir que quien te debe proteger no está a tu lado en momentos como los ocurridos en Ceuta genera una sensación de orfandad que viene acompañada de una ansiedad que se cronifica día tras día. Pero lo verdaderamente peligroso es que lleguemos a acostumbrarnos a esta situación. Y yo no quiero acostumbrarme. Y tampoco quiero quedarme de brazos cruzados mientras espero, mirando el móvil, a que alguien venga a solucionar el problema. ¿Qué podemos hacer los ciudadanos cuando nuestro Gobierno no responde a nuestra llamada de auxilio con la rapidez que exige la crisis?

Han pasado ya más de dos semanas desde los lamentables sucesos de la frontera de El Tarajal, y miles de personas indocumentadas siguen paseándose por nuestra ciudad. Los ceutíes hemos pasado ya por varias etapas, algunas concurrentes: desconcierto al principio, miedo, hartazgo, impotencia y, finalmente, abandono. Son palabras fáciles de escribir, pero difíciles de entender si no lo vives in situ. Sentir que quien te debe proteger no está a tu lado en momentos como los ocurridos en Ceuta genera una sensación de orfandad que viene acompañada de una ansiedad que se cronifica día tras día. Pero lo verdaderamente peligroso es que lleguemos a acostumbrarnos a esta situación. Y yo no quiero acostumbrarme. Y tampoco quiero quedarme de brazos cruzados mientras espero, mirando el móvil, a que alguien venga a solucionar el problema. ¿Qué podemos hacer los ciudadanos cuando nuestro Gobierno no responde a nuestra llamada de auxilio con la rapidez que exige la crisis?

Por mi cabeza no paran de rondar pensamientos revoltosos, algunos aceptables, otros moralmente incorrectos. Las ideas y posibles soluciones se agolpan, pero cuando las comparto, mis amigos me desaniman. Me dicen que un simple ciudadano no puede cambiar la política migratoria de su país y, aunque yo les responda que la unión de los ciudadanos puede cambiar las cosas, en el fondo también llego a pensar que es perder el tiempo.

Ya hemos asistido a la desfachatez de nuestros gobernantes recomendándonos libros y canciones en Spotify mientras se violaba la integridad territorial de España. Otros tantos asistían a la Embajada de Marruecos en Madrid para celebrar el aniversario de la coronación del rey alauita mientras algunos funcionarios contaban cadáveres en el Hospital Militar. Durante estos días, un desfile de políticos ha permanecido en nuestras calles menos tiempo del que se tarda en llegar en barco a Algeciras; algunos negando la evidencia y rebajando las cifras de inmigrantes irregulares, y otros incluso llamando xenófobos a los ciudadanos por verbalizar que esta llegada masiva ha disparado la criminalidad. ¿De verdad estos no son motivos más que suficientes para pensar que nuestros gobernantes nos han dejado solos ante Marruecos?

La nula contundencia ante esta invasión orquestada por Marruecos, que usa los flujos migratorios a su antojo para chantajear a España, evidencia una dejadez de funciones que confirma lo peor: Ceuta ha sido olvidada por sus gobernantes.

Ya estamos comprobando cómo en Ceuta una situación extraordinaria se está convirtiendo en permanente, y a este paso la ciudad tiene el riesgo de convertirse en un CETI enorme de 19 kilómetros cuadrados. La sala de espera de la Unión Europea, un lugar donde los inmigrantes quedan retenidos antes de dar el salto al continente.

Ceuta es mi ciudad. Aquí me he enamorado, aquí han nacido mis hijos, aquí trabajamos y ellos estudian. Ceuta debería tener el mismo derecho que cualquier otra ciudad peninsular a sentirse protegida, y no podemos acostumbrarnos ni aceptar como normal que en esta ciudad tan pequeña permanezcan malviviendo miles de personas, entre ellas yihadistas y agresores sexuales confirmados, sin que nadie nos diga cuál es el plan del Gobierno.

Necesitamos transparencia, exigimos respuestas a estas preguntas:

¿Cuántas personas permanecen realmente en Ceuta?

¿Cuántas han sido identificadas?

¿Cuántas van a ser devueltas?

¿Cuántas tienen derecho a asilo?

¿Cuántos expedientes de devolución se tramitan a diario?

¿Cuántas devoluciones a Marruecos se ejecutan cada día?

¿Cuántos menores deambulan por la ciudad?

Y, sobre todo: ¿Qué está impidiendo que sean devueltos ya aquellos que no tienen derecho a permanecer?

Es evidente que una devolución no ocurre de la noche a la mañana, hay un proceso lento y burocrático para crear el expediente personal de cada individuo. Pero, entonces, la pregunta es obligada: ¿Dónde está atascado el sistema? Si hacen falta policías para identificar a estos individuos, traigan más policías. Si hacen falta más funcionarios de inmigración para tramitar expedientes, comisionen más funcionarios a Ceuta. Si el problema es Marruecos, activen la diplomacia. ¡Pero sean claros con los ciudadanos! Necesitamos sentir que nuestros representantes políticos están haciendo algo.

Y no necesitamos solo declaraciones políticas: necesitamos datos concretos. Necesitamos saber que se está trabajando en la solución y comprobar, semana a semana, que la situación mejora. Necesitamos conocer la evolución de la crisis y exigimos transparencia para poder confiar de nuevo. Porque la transparencia no debilita al Estado, genera confianza en él.

Por otro lado, hay que mandar un mensaje rotundo para frenar falsas esperanzas: entrar irregularmente en Ceuta no garantiza la residencia ni el traslado a la península, y que esperar aquí de forma indefinida no es una opción para entrar en Europa.

Tampoco necesitamos ciudadanos caballas haciendo de policías como vimos durante los primeros días de la invasión. Lo que necesitamos son policías que puedan hacer su trabajo con todos los medios disponibles a su alcance. Y de la misma manera, es inaceptable que los que ceutíes tengan que asumir labores de acogida a mujeres y menores, cuando esa responsabilidad debería recaer, única y exclusivamente, en las autoridades.

Es evidente que tras todo lo ocurrido, la única forma de defender los intereses de los caballas pasa por organizarnos, creando una plataforma ciudadana en defensa de Ceuta que monitorice las actuaciones de las diferentes administraciones. Una unión civil que reclame información, que recopile datos, que hable con los medios, que haga preguntas incómodas a los políticos, que promueva manifestaciones pacíficas y que, sobre todo, exija soluciones al Gobierno.

Una plataforma ciudadana de la que no se apodere ningún partido político, formada por caballas de todas las ideologías, unidos por un objetivo común: controlar a quienes tienen la responsabilidad de gestionar esta crisis. Un movimiento centrado la seguridad de Ceuta, que exija una frontera controlada, que reclame celeridad en la aplicación de la ley y que vigile cada movimiento del Gobierno hasta solucionar el problema.

Quizás mis amigos tengan razón, quizás yo solo no pueda cambiar nada, pero prefiero creer que escribiendo este artículo puedo despertar una chispa en el interior de algún caballa que piense como yo y que decida levantarse del sofá y actuar. La otra alternativa es dejar que pasen los días sin ver como se soluciona nada, esperando que alguien haga algo…y los caballas no podemos esperar más. Hay que exigirle al Estado que funcione. Hay que preguntar, organizarse, exigir resultados, todo dentro de la ley, porque en Ceuta no podemos seguir resignados.

Ceuta necesita ciudadanos que no se conformen con quedarse esperando de brazos cruzados.

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Ceuta, Lunes 17 de Agosto del 2026

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