Aunque la conmoción es aún muy reciente, y la ciudadanía ceutí todavía siente la ansiedad, la angustia, la incertidumbre, la impotencia y la ira por lo que estamos viviendo en estos días, creo que merece la pena apuntar algunas reflexiones que nos sirvan de aprendizaje de cara al futuro. En primer lugar, hay que decir, alto y claro, que el gobierno de Pedro Sánchez no ha aprendido nada de la crisis de mayo de 2021.
Aunque la conmoción es aún muy reciente, y la ciudadanía ceutí todavía siente la ansiedad, la angustia, la incertidumbre, la impotencia y la ira por lo que estamos viviendo en estos días, creo que merece la pena apuntar algunas reflexiones que nos sirvan de aprendizaje de cara al futuro. En primer lugar, hay que decir, alto y claro, que el gobierno de Pedro Sánchez no ha aprendido nada de la crisis de mayo de 2021.
Entonces la invasión marroquí, como táctica de guerra híbrida, fue instigada como venganza por la acogida humanitaria al líder del Frente Polisario en un hospital de Logroño. Y cuando pasó lo peor, el gobierno socialista se empeñó en recuperar las mejores relaciones diplomáticas con Marruecos, aún a costa de sacrificar la posición española respecto al Sáhara Occidental y a ignorar el caso Pegasus, o sea, el hackeo del móvil de Pedro Sánchez y otros ministros, curiosamente el mismo día que visitó Ceuta; presentó unos planes integrales de desarrollo socioeconómico para Ceuta y Melilla 2022-2026 de los cuáles sólo se ha ejecutado lo menos gravoso para las arcas del Estado; prometió la apertura de la Aduana Comercial, que nunca ha funcionado; y aprobó por Real Decreto la Estrategia de Seguridad Nacional en diciembre de 2021, que incluía el propósito de elaborar un Plan Integral de Seguridad para Ceuta y Melilla. Pese a que, desde que comenzó esta Legislatura, hemos presentado continuas preguntas escritas al Gobierno sobre ese Plan han pasado cinco años y no se ha hecho nada, privando a ambas ciudades de protocolos y medidas preventivas que hubieran podido evitar la sensación de improvisación e inacción de estos dramáticos días.
En segundo lugar, la crisis migratoria se podía haber evitado actuando con diligencia en cuanto se hizo pública la sentencia del Tribunal Supremo que niega la aplicación del rechazo en frontera (lo que los medios llaman “devoluciones en caliente”) a los inmigrantes que llegan por mar, por no vulnerar una barrera física como la valla fronteriza. El 16 de julio el Grupo Parlamentario Popular registró con urgencia en el Congreso una Proposición para modificar la Ley de Extranjería y equiparar las entradas irregulares por mar a los que intentan sobrepasar la valla. Pero el Gobierno socialista, en coalición con Sumar y dependiente de los votos de las izquierdas soberanistas radicales pro-inmigración, ha preferido no importunar a sus socios. Si gobiernas de la mano de quienes tienen por objetivo declarado la destrucción de España, es muy difícil defenderla.
En tercer lugar, la gestión de la crisis ha sido de una pasividad pasmosa. Pese a la entrada constante y creciente de nadadores durante los días previos y las advertencias del Gobierno de Ceuta y de las organizaciones y sindicatos de las FCSE, cuando se produjo la avalancha sobre las 11 de la mañana del 30 de julio, la frontera no contaba con los medios humanos y materiales necesarios para hacer frente a la situación. Cuando recibí los primeros vídeos, los compartí de inmediato con mis 136 compañeros del Grupo Parlamentario Popular en el Congreso, y me fui con mi coche hacia la frontera para verlo con mis propios ojos. En la rotonda que distribuye el tráfico hacia el Tarajal, el Príncipe y loma Colmenar, no pude seguir y subí hacia el Hospital para volver de nuevo a la Almadraba por la ladera del cementerio musulmán.
Toda la zona era un río humano desbordado. A lo largo del día, volví varias veces a la frontera. La Guardia Civil se limitaba a canalizar el tráfico mientras la Cruz Roja se afanaba por ayudar a las víctimas que estaba provocando la entrada masiva por las rocas del espigón del Tarajal o el mar. A las 19:00 me informaron del inminente despliegue del Ejército en el Tarajal que, por fin, llegó una hora más tarde. Pero las órdenes que tenían, no eran las de bloquear la frontera, sino de figurar como atrezzo para intimidar un poco. Así lo comprobé por mí mismo cuando volví a pasar sobre las 23:00.
No hubo orden de cerrar la frontera. Durante toda la noche, siguieron las entradas. En la mañana del 31 de julio, las fuerzas de seguridad calculaban que habían irrumpido en Ceuta 49.000 personas, aunque seguramente superaran los 60.000 para una población ceutí que no llega a los 85.000 en 19 km². Personas que necesitaban beber, comer, descansar, cobijarse y, por supuesto, otras necesidades fisiológicas. La reacción del pueblo de Ceuta para protegerse, encerrándose en sus hogares, cerrando los comercios y supermercados por miedo al saqueo, y paralizando la ciudad, invirtió el flujo migratorio.
Cuando decenas de miles de, sobre todo, marroquíes comprendieron que no podían comprar nada, que los servicios asistenciales españoles no podían cubrir las necesidades de tal masa humana y que eran recibidos con hostilidad, decidieron volver voluntariamente por donde habían venido. Por supuesto, la labor incansable de la Policía Local, el despliegue del Ejército por toda la ciudad, y el trabajo de la Guardia Civil y Policía Nacional para mantener el orden, la seguridad ciudadana y para encauzarles de regreso a la frontera, también fue fundamental y admirable. La visita de Sánchez fue de agradecer por lo que significa su presencia en Ceuta como presidente del Gobierno español.
Pero tuvo el recibimiento que merecía, el que le dan la mayoría de los españoles cada vez que pisa la calle, y se fue sin anunciar ninguna otra medida que la instalación de una red con sensores en boyas que puedan considerarse obstáculo físico en el mar para justificar legalmente el rechazo en frontera de los inmigrantes nadadores. ¿Y qué pasa con los que han entrado y no quieren retornar voluntariamente a Marruecos? ¿Qué va a pasar con los menores de edad? Insuficiente y decepcionante. A quién queremos ver, de verdad, los ceutíes en nuestra ciudad es a nuestro rey Felipe VI. Comprendemos que sus acciones están sujetas a la supervisión del Ejecutivo de Sánchez, pero el pueblo de Ceuta necesita la presencia del Jefe del Estado, símbolo de la unidad y permanencia de la patria, en sus calles. Sólo el Gobierno de la Ciudad, presidido por Juan Vivas, y la Junta de Portavoces con la presencia de todos los partidos políticos de la Asamblea de Ceuta, excepto VOX, han estado a la altura de la gravedad de la situación. Lo del VOX local prefiriendo utilizar la crisis para hacer campaña política en vez de cerrar filas en defensa de Ceuta, da para otro artículo. Ellos sabrán.
En cuarto lugar, ¿cuál ha sido el papel de Marruecos en todo esto? Oficialmente, Pedro Sánchez se ha deshecho en elogios a la cooperación marroquí, y el gobierno de Marruecos ha culpado al efecto llamada provocado por la sentencia del Supremo en las redes sociales, a las mafias y a la debilidad del despliegue policial español en el paso del Tarajal. En los días previos, la Gendarmería se esforzó en rescatar nadadores y bloquear las playas más cercanas a Ceuta para impedir la salida de migrantes. Pero cuando la marea humana se volvió incontrolable, se inhibieron. A fin de cuentas, el peso de las remesas de emigrantes en la economía marroquí equivale al de los ingresos turísticos en la española. Y la emigración de la población joven y potencialmente revolucionaria, como ya se vio en la revuelta de la Gen Z-212, alivia las tensiones políticas internas. No obstante, hay razones para pensar que el gobierno marroquí no ha sido completamente ajeno o una víctima más de lo ocurrido. ¿Cómo es posible que se desplacen decenas de miles de personas hasta Castillejos sin que las autoridades marroquíes lo sepan? ¿Han influido la visita de Sánchez a Argelia o la aprobación del reconocimiento de la nacionalidad española a los saharauis nacidos antes de 1976 en el Congreso? ¿Ha sido una crisis migratoria o una invasión planificada? Probablemente, ambas cosas a la vez.
De cualquier manera, la lección está clarísima. Nos conviene la amistad de Marruecos por las inversiones españolas en Marruecos o el millón doscientos mil trabajadores marroquíes residentes en España, y por la cooperación en materia de lucha contra el narcotráfico, el yihadismo y la inmigración irregular. Pero esa amistad y buena vecindad debe basarse en el mutuo respeto, y no en consentir el acoso y derribo a Ceuta y Melilla. Y si el hostigamiento marroquí continúa, el gobierno de España debe tener la determinación de responder con medidas proporcionales, en lugar de la acomplejada política de apaciguamiento practicada por Sánchez y Albares. En quinto lugar, ¿para que sirve el CNI? ¿Cómo es posible que no detectara la invasión de mayo de 2021 ni ahora tampoco la actual? ¿O será que sí lo hizo pero el Gobierno de Pedro Sánchez desoyó las advertencias? La única conclusión posible a esta última posibilidad, tal y como sentimos hoy los ceutíes, es que nos gobierna el Enemigo. España no puede fiar la protección de sus fronteras a la buena voluntad marroquí y debe estar preparada para defenderlas por sus propios medios. Esto pasa por la imprescindible mejora de los recursos materiales y el incremento de efectivos de las FCSE y, especialmente, por un respaldo político que blinde la responsabilidad de nuestros agentes en cumplimiento de su deber. Pero también por la implicación de la UE en la protección de una frontera europea.
La mejor noticia de esta crisis es la carta firmada por 22 de los 27 primeros ministros de la UE donde, refiriéndose a Ceuta, afirman que “no podemos permitir que los cruces masivos incontrolados, la instrumentalización de la inmigración u otras amenazas híbridas creen la percepción de que la entrada ilegal en la UE es posible”. ¿Qué tal si pedimos a FRONTEX que en lugar de desplegar, como ahora durante la Operación Paso del Estrecho, en el puerto de Ceuta para pedirnos el DNI a los vecinos de Ceuta antes de embarcar hacia Algeciras, colaboren en el control del paso fronterizo del Tarajal? Basta con que un Gobierno español, menos incompetente que el de Sánchez, lo pida a la UE. Finalmente, cabe reflexionar sobre el enorme daño económico, reputacional y moral infligido a la ciudad.
La invasión migratoria de 30 de julio se ha producido en la víspera del inicio de nuestras Fiestas Patronales en honor a Santa María de África. Se ha tenido que suspender, por motivos de seguridad ciudadana, la Feria de Ceuta; momento del año que aprovechan los ceutíes residentes en otros puntos de España para retornar a su ciudad y reencontrarse con familiares y amigos. Se ha tirado por tierra todo el trabajo del Gobierno de Ceuta y de nuestras organizaciones empresariales, la Cámara y la Confederación, en la atracción del Turismo y de inversiones tecnológicas que conduzcan al desarrollo económico y la generación de empleo. Habrá que empezar, de nuevo, la tarea de recuperar la imagen, la confianza y la credibilidad de una ciudad que lucha por su futuro. Nos esperan más días duros hasta que se recupere la plena normalidad.
En poco tiempo se marchará la atención mediática y sentiremos que otra vez se han olvidado de nosotros. Miles de inmigrantes siguen por nuestras calles, playas y montes, por la cobardía de un gobierno que renuncia a expulsar a quien no quiera irse por propia voluntad. Escucharemos el inevitable gimoteo de tertulianos agoreros y de los traidores entreguistas de turno proclamando que Ceuta y Melilla tienen los días contados. Pero si Sánchez tiene su “Manual de resistencia”, el pueblo de Ceuta tiene detrás una Historia heroica de superación de la adversidad. Desde la toma portuguesa, ninguna fuerza extranjera ha sido capaz de quebrar nuestra soberanía durante siglos, habiendo soportado el asedio más largo de la Historia desde 1694 hasta 1727 frente al primer rey que unificó las tierras que hoy forman Marruecos, Muley Ismail. Para verdadero ejemplo de resistencia en el servicio a España, el de Ceuta. Recordadlo siempre caballas: ¡Invictos desde 1415!
