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Opinión
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A Diestras

El asesinato de Isabel Carrasco, presidenta del PP de León, de la DIputación Leonesa y otra decena de cargos más, ha abierto la casuística de políticos asesinados por su cargo tras el alto el fuego de ETA. Macabro debut en el que una madre y su hija, ambas militantes del mismo partido que Isabel, determinaron acabar con la vida de quien ellas consideraron culpable de sus desgracias.

La enorme distancia que se está creando entre la clase política dirigente, la poca o ninguna vergüenza que muestran algunos a la hora de dirimir responsabilidades, acudiendo con una sonrisa de oreja a oreja a los juzgados, a sabiendas de que toda persecución judicial contra la corrupción política acaba en nada. La frescura que muestran algunos dirigentes al sostener imputados en órganos de gobierno y puestos de responsabilidad política, y el descaro que sostienen algunos imputados al no autocensurarse por el bien de la imagen de las instituciones democráticas... Todo esto es germen de un sentimiento de odio visceral a unos dirigentes que ni son todos los que están, ni están todos los que son.

Los mensajes de ruptura social, la escasa participación en las urnas, la evidencia de la inutilidad de gran parte de los órganos e instituciones democráticas, y el incumplimiento reiterado de programas, hacen que la sociedad se desvincule de los gobiernos y se sienta ilegítimamente representada por una clase dirigente que presta todos sus sentimientos a las directrices del presidente de turno al que le deben el mullido sillón, mientras hace oídos sordos a las demandas sociales.

Ha permeado en la sociedad un mensaje de pesimismo, de desesperanza que en este caso ha llegado al disparate absoluto con el asesinato de un ser humano. Nada puede justificar el asesinato. No existen "peros" que objetar, ni justificaciones que exponer por muy mal que se comportase Isabel. Es indudable que existen políticos corruptos e insensibles en nuestra sociedad -que no sabemos si es el caso de Isabel- . Es incuestionable que la política en españa se está tornando como elemento contrario a la resolución de problemas. Es impepinable que la situación de desesperanza a la que nos está llevando el gobierno nacional y local es inasumible. Pero nada de esto justifica un ataque violento contra los políticos: ni el acoso domiciliario, ni el acoso en prensa, ni los gritos en la calle, ni los insultos, ni mucho menos la agresión física.

Con estas actitudes este país se parece cada vez más a los sucesos premonitorios de la execrable Guerra Civil española donde, después de todo, un millón de personas dieron su vida por sus ideales. Lo que nunca pensaron ese millón de personas es que íbamos a tener que soportar durante cuarenta años una dictadura que acabaría imponiéndonos una monarquía que en menos de cuarenta años ya se ha mostrado decadente.

Al final acabará ocurriendo cosas peores.

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Ceuta, Domingo 02 de Octubre del 2022

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