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Opinión
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Desde el momento en que Rajoy pidió disculpas por los increíbles casos de corrupción aque asolan el País,

casi todos los medios, televisión, prensa y radio, se afanan en repetir que el Presidente pidió perdón. Pues no señor, no es correcto; no es igual disculparse que pedir perdón. Uno se disculpa cuando la mala acción cometida, generalmente, afecta a una persona, o grupo limitado ofendido; de esta forma se excusan las razones para que la persona afectada pueda entenderlas. Si bien, pedimos perdón cuando asumimos la totalidad de la falta que ha cometido uno mismo ante una persona, o ante la Sociedad, y, sobre todo, y por obligación, la asumimos también en nombre de todos los que han colaborado en su vergonzosa comisión; lo cual implica que aunque no puedas repararla en su totalidad, te produce el mismo dolor que si la culpa hubiera sido solo tuya. De esta manera se lamenta, y se siente de forma más profunda, humilde y honesta, el mal que se ha cometido, lo que significa que uno se involucra más en el daño, que siente más el dolor, y que se arrepiente de ello. La talla moral del perdón está muy por encima de la necesaria para una simple disculpa, y, por supuesto, sólo al alcance de los más grandes.

Escribió un sociólogo que, en ocasiones, cuando se pide perdón, se tartamudea, cosa que nunca ocurre cuando se piden disculpas a través de frases retóricas, por bellas y brillantes que puedan ser. Pedir perdón es la forma más poderosa de mostrar nuestra humildad, honestidad y grandeza interior, y para ello, hay que dejar a un lado el orgullo y el resentimiento. Rajoy estuvo muy lejos de esa postura.

El propio Rey, Juan Carlos, tuvo un gesto de grandeza, generosidad y humildad cuando dijo: "Lo siento, me he equivocado, no volverá a ocurrir". Eso es pedir perdón. Rajoy no lo hizo, ni lo hará nunca.

Siempre ha habido Clases, y clases.

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Ceuta, Sábado 18 de Septiembre del 2021

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