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Opinión
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Hace pocos días pudimos ver en televisión una extraordinaria entrevista a José Mújica, Presidente de Uruguay, magnífico gestor, gran hombre y sencillo ser humano. Igual que él debería ser nuestro Presidente del Gobierno, y tantos políticos y gobernantes de nuestro País;

tendríamos otra España, fuerte y respetada por todos. Me impresionaron las manifestaciones honestas de Mújica: su defensa de los derechos del pueblo le llevó a prisión, donde casi llegó a perder el juicio, pero el sufrimiento incrementó su humanidad; se confiesa ateo, pero, al mismo tiempo, muestra su respeto por la religión católica, pues la considera básica para la buena formación humana y cultural; entrega a obras de beneficencia el 90% de su salario, el resto le da para vivir en una sencilla casa de campo, habiendo renunciado al palacio presidencial; ha reducido el paro de casi un 20 al 6%, y está dando lo mejor de sí mismo por los ciudadanos que lo han elegido, y le pagan para ello. Pero no está satisfecho, y confiesa sus errores y fracasos que, en realidad, se deben, no a su incapacidad, sino a la imposibilidad de poner la buena gestión y el sentido común por encima del capitalismo, pero él se siente culpable, aun sabiendo que si se excede en la defensa del pueblo, lo matan. No por ello deja de ser un hombre íntegro, un perfecto gobernante y, por encima de todo, un ser humano ejemplar.

Aquí la cosa cambia. Ningún gobernante ha estado en prisión por la razón que estuvo Mújica, aunque más de uno debería estar en ella por otros motivos. Aquí muchos políticos odian nuestra religión, al tiempo que reciben con los brazos abiertos a representantes de otras religiones, desde la indú a la musulmana, dando así una idea de la deformación humana que padecen. Los recortes en sus salarios han sido irrisorios, incluso se han hecho incrementos en los mismos, al margen de la situación que vive el pueblo. Aquí todos alaban sus falsos aciertos, y nadie confiesa sus verdaderos errores, sino que reprochan al adversario político la suciedad que, realmente, han generado todos ellos juntos. Es por ello que no me siento con ánimo para ir a votar. Se dice que la abstención favorece, o perjudica, a las otras formaciones políticas; pero aquí el problema radica en que son todos iguales, pues no se trata de fallo en las ideologías, sino fallo en la preparación humana, o sea, en las personas. Así es que lo dicho: no voy a votar.-

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Ceuta, Domingo 03 de Marzo del 2024

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