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Opinión
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La vuelta es un misterio. Como todo lo humano, volver es una forma de devolver, volver los que se fueron, volver los que se quedaron. Mucho de lo humano es un misterio. 

Se marchan las personas a otras zonas del mundo, por motivos políticos o económicos o sociales o culturales o religiosos o ideológicos. Cada uno se aleja de su lugar, por una o por varias razones. Puede que ante los ojos, de los demás, solo prima una causa-razón-motivo, pero desde los ojos de la subjetividad, del que se marcha hay muchas. 

En todas las geografías los humanos se mueven y se conmueven, vuelven y devuelven y revuelven. Nos marchamos a otro lugar, después, de ese lugar a otro, puede, que de ese otro a otro tercero, y, al final, volver al principio. Es como si se cerrase un ciclo, como el de los salmones, pero con corazón de ser humano. 

Gerardo Diego, el maestro poeta y el poeta maestro, Gerardo Diego, cuya fundación es un foco de luz y calor para estas tierras de montes y llanuras, Gerardo Diego publicó un artículo, en ABC, del 27 de mayo de 1977, titulado Alberti en España. Es no solo el canto en mil palabras, de la alegría de que volviese el gran poeta gaditano, es la alegría que volviese la generación del veintisiete como símbolo, es la alegría de la reconciliación de España consigo misma, es… 

Aquello, que dicen de Bismarck, indicaba, que España es el país más fuerte, siempre se está deshaciendo y siempre se está rehaciendo. Quizás, Bismarck, no fue consciente, que en España existe un refrán, “tanto fue el cántaro a la fuente hasta que se rompió”. Quizás, en alguna operación de deshacer se deshaga como las teselas de un mosaico. 

Aquellos años del 77 del siglo anterior, antes y después, de temor y temblor y de espera y de esperanza, de conciliación y de reconciliación, aquellos años, largos años, años largos, aquellos años de esperar sin caer en el desesperar, de desesperar para volver a esperar. Aquellos años de olvidar y de volver a poner, de que Alberti y otros volviesen, para que no se volviese a repetir las mismas historias y rehistorias en este suelo. Aquellos años, que creímos que ya por fin, la paz, no quizás la paz perpetua de Kant, pero una paz larga, no de una generación, sino de varias volvería… Parece que estamos condenados al castigo de los pronunciamientos, desde el final de la guerra de la Independencia, pronunciamientos de un color o de otro, de una manera o de otra, de/con un subterfugio o de/con otro… 

En una viñeta del maestro genial Máximo, si la memoria no me falla, indica con palabras, algo así, los españoles, no tienen que aprender solo a reconciliarse/vivir juntos, sino a amarse, a unirse, a quererse. ¿Cómo aprendemos y aprehendemos a querernos y a amarnos…? Dicen, que los que pasean, por el Sur de Estados Unidos, sea para hacer una novela como el maestro Cela, o, sea para hacer reportajes, o sea, para escribir artículos de opinión, o sea, para entender y comprender el mundo. Dicen, que aquellos, pocos que viajan por el sur profundo de Norteamérica, y, visitan pequeños pueblos y ciudades, todavía tienen el dolor de haber perdido la guerra de secesión americana. 

Y, la pregunta y repregunta, es siempre la misma, si todavía, después, de seis generaciones, de siglo y medio, todavía existen seres, seres humanos, que sienten que perdieron aquella guerra, ¿qué podemos pensar de nosotros los europeos, que en el siglo veinte, hemos padecido, de una manera o de otra, dos guerras mundiales, aquí en este terruño y lagar y viñar, una incivil guerra civil en Iberia, qué sentirán los europeos que se llenó esta botella de Europa de campos de concentración, y de seis campos de exterminio…? 

¿Cómo debemos los europeos reconciliarnos con nosotros mismos, en estos momentos, de otra guerra en Europa, como debemos los españoles reconciliarnos con nosotros mismos, como debemos los europeos querernos a nosotros mismos, como debemos los españoles amarnos a nosotros mismos…? 

Durante esos últimos meses y años, hemos oído en los medios de comunicación, hasta la saciedad, consignas, que en síntesis, indicaban, “que el régimen del 78” había terminado o tenía que terminar. Pero, sin entrar en juzgar esas palabras y esas realidades y esos conceptos y esos fines. Olvidan que el régimen del 78 era el de la reconciliación-reencuentro de la paz/repaz, quizás, el de olvidar, el de perdonar, el de empezar a sembrar/crecer un árbol, el de quererse a si mismos, a nosotros mismos. Todos, todos los seres de esta península celtibérica, la historia y la Historia les ha dejado heridas, grandes y pequeñas, de un color o de otro, de una manera y de otra… Pero todos pensaron, que había que reconciliarse, para que los hijos y los nietos y los biznietos, no pasasen por otros seísmos y volcanes y huracanes de conflictos. 

Las heridas se convierten en tormentas de palabras, y, estas al final, en vaivenes sociohistóricos y culturales y económicos y políticos. Y, cambian las formas, algunas ideas, y, volvemos al dolor. 

Alberti, entre otros, fue el símbolo y signo y palabra de la reconciliación, empezábamos a sembrar otro árbol, en este bosque de España, del deseo de España, desde la caída de los romanos, desde los visigodos, quienes casi nadie recuerda, pero que existieron. Ese deseo de ser/estar algo en Europa, de ser/estar con Europa, de ser/estar en Europa, pero también de por fin, amarnos y querernos a nosotros mismos de forma adecuada y racional. Olvidar cada uno su dolor, para entre todos los dolores olvidados, crear un nuevo tapiz, de paz y bien y riqueza y cultura. 

Alberti, el que volvió con sus versos y sus recitales y su escaño en el Parlamento… Alberti, como símbolo, con su Fundación Alberti, en estado durmiente y dormida, según indican. Bien harían/haríamos despertar/nos en el sueño/resueño de Alberti, el sueño/resueño también de su Fundación… ¡El sueño de reconciliarnos con/en nosotros mismos, el sueño de amarnos a nosotros mismos…! 

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Ceuta, Domingo 04 de Diciembre del 2022

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