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Opinión
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Es triste confundir fracaso con dignidad. Mucho se ha hablado del fracaso de la izquierda, unas veces de forma melancólica y con ciertos tintes de heroicidad y maldición a la vez y otras veces ridiculizando esa aparente tendencia suicida al fracaso.

Es fundamental experimentar el fracaso para diferenciar lo que somos de lo que queremos ser, lo que deseamos de lo que podemos. Fracasar no debería ser sino el origen de un proceso de superación. Solo bajo esta premisa podríamos obligarnos albergar alguna esperanza en el futuro de Europa. Esta sentencia de la Unión Europea es poliédrica, pero hay dos caras que predominan por encima de todas, por lo afilado de sus aristas y por la oscuridad absoluta de sus superficies que atrapan la luz sin atisbo de posibilidad de escape. Son la muerte del capitalismo como doctrina económica que pueda producir bienestar en las personas y el avance de la sociedad; y un síntoma de que Europa es un muerto viviente que se alza sobre las cenizas del quiero y no puedo.

Se dice que Europa no aprendió nada de las dos guerras mundiales, pero es falso. De la primera aprendió cómo auspiciar la segunda, y de la segunda, que el orden mundial estaría dominado por la injusticia y la inequidad, envuelta en una sedosa tela de supuesta libertad propiciada por una cierta bonanza económica.

Cuando el viento de la desigualdad, acompañado de grises nubarrones de crisis económicas, aparece, Europa muestra su auténtico rostro. Como en “El extraño caso del Doctor Jekyll y el señor Hyde”, de Robert Louis Stevenson, Europa vive inmersa en un trastorno de personalidad, trastorno disociativo de la identidad, por un lado el pueblo y por otro las instituciones. Dr. Henry Jekyll y señor Hyde.

Pero en este caso es imperdonable, pues ¿la totalidad de los magistrados del TEDH poseen la misma personalidad de Edward Hyde? Evidentemente no, son magistrados con el peso sobre sus espaldas de una Europa que se descompone. Parecieran marionetas cuyas cuerdas han sido sustituidas por cadenas oxidadas.

No es una crítica de alguien que no es capaz de acatar una sentencia, es una llamada de atención al alma europea, si es que aún queda algo de ella. Un grito de auxilio para resucitar el espíritu de esa Unión Europea que no nació para esto. En la parte final del Preámbulo de la CARTA DE LOS DERECHOS FUNDAMENTALES DE LA UNIÓN EUROPEA se dice: “En consecuencia, la Unión reconoce los derechos, libertades y principios enunciados a continuación”.

Artículo 1

Dignidad humana

La dignidad humana es inviolable. Será respetada y protegida.

El Tribunal Europeo de Derechos Humanos ¿respeta con esta sentencia el citado artículo 1?

Me gustaría recordar unos versos, de Soul Etspes, que quizás definan mejor desde el sentimiento lo que puede representar la dignidad para una persona que lo deja todo en busca de un futuro y oportunidades.

"Dignidad"

Por la tierra voy dejando

pisadas olvidadas

y algo que va brotando

indiferencia y miedo

indiferencia de unos ojos muertos

Europa no es el cielo

me devuelve al infierno

miedo de unos ojos ciegos

que nunca lloraron por hambre

que nunca temblaron de frío

Europa no es refugio

sino tórrido estío

He dejado pedazos de mí

en este sueño perdido

cada trozo es una parte de ti

aunque tú, europeo, no lo sepas sentir

Voy cargado de agonía

me devuelves poco a poco, día

a día a mi mundo de dolor

no es por mi color, no es por mi

cultura o religión,

castigas mi pobreza

condenas mi esperanza

y estos versos repletos de tristeza

no muestran sino a un hombre

que se avergüenza del hombre

y en nombre del hombre

pide perdón.

Este corazón no deja de latir

aunque lo alejes de aquí

más el alma marchita

sentenciada por Europa a morir

esa alma marchita

sigue junto a ti,

crece y muere cada instante

en ti

Acatar no implica, en este caso, ni respeto ni compartir.
Espero que desde el gobierno, tanto PSOE como nosotras, promovamos la derogación de la ley mordaza. Por encima de Villarejos varios y SMI en este tema nos jugamos nuestra credibilidad y compromiso con los DDHH. Las FCSE llevan razón en que necesitan protocolos claros y esos, como acaba de demostrar el TEDH deben de tener más elevada catadura moral que esta sentencia. Debe de estar por encima de normas que demuestran no respetar la dignidad humana. Hace tiempo que vengo denunciando que los problemas que existen en la frontera sur de Europa, ¡sí, Europa!, no pueden resolverse sin la implicación de Europa. Lo que pocos esperaban es que Europa, una vez más, iba a mirar hacia otro lado. Diametralmente opuesto al derecho esencial a una vida sin miedo. A defender los intereses económicos por encima de los humanos. Esta Europa se descompone y tiene (acaba de demostrarlo el Tribunal Europeo de Derechos Humanos) problemas de mayor envergadura que el Brexit o la fragmentación de la democracia liberal en Europa del Este. Pierde credibilidad en el Mediterráneo y sus fronteras, pierde decencia en sus políticas migratorias, pierde humanidad y legitimidad con sentencias como esta. Y ganan los movimientos totalitarios. Favorece el crecimiento de los partidos nacional populistas. Europa se descompone y ella misma lo está propiciando y favoreciendo. ¿Planificado o incapacidad? Y que nadie se lleve a engaño, soy un defensor de la Unión Europea pero bajo sus principios fundacionales y no esta versión ultraconservadora.

Me he tomado mi tiempo, y pido disculpas, por lealtad al gobierno del que Podemos forma parte, pero mis intentos de reflexión solo me proporcionaban inquietud, desasosiego, tristeza, enfado, desilusión, …. Ante estos sentimientos, desde el respeto a las instituciones que entre todas no hemos dado, pero desde la disidencia absoluta al uso, a mi entender, espurio de las mismas no puedo sino escribir estas letras. Como en otras tantas ocasiones en mi vida puedo estar equivocado. Pero, como siempre, actúo como me dicta mi conciencia y siguiendo las pautas con las que me educaron mis progenitores.

El silencio no es opción cuando la moral y la ética se tambalean. Siempre es más fácil callar para los que optan por el propio interés. No es ni será jamás mi caso. Estoy de paso, en la vida, y quiero poder seguir mirando a la gente a la cara. Me gritarán y tendré que escuchar eso de “rojo” o “podemita” en tono despectivo e incluso “rojo de mierda”. Una compañera mía fue ayer testigo de hechos como los que narro. Es triste tener que asimilar esas cosas, pero nada comparado con tener que asimilar la sentencia sobre las devoluciones en caliente en la frontera de Melilla. Estoy de acuerdo, como ya he señalado, con las FCSE, en la necesidad de protocolos perfectamente definidos. Como funcionarios que son necesitan de unos protocolos concretos y jerarquizados, pero seguro que diferimos en el contenido de los mismos. Para mí deben girar en torno a vías legales y seguras, por esto, un observatorio de las migraciones, como elemento de apoyo y seguimiento, es primordial. Eso sí, se equivocan los que tachan a todas las ONG, despectivamente, de interesadas y más lindezas. Igual que se confundiría quien generalizara haciendo críticas colectivas a las FCSE. La única esperanza que nos queda a quienes defendemos los derechos humanos, sin “peros”, es que consigamos derogar la ley mordaza, Ley de Seguridad Ciudadana, y con ella, la infame disposición final que aprueba las devoluciones en caliente y que permite esta injusticia. Tengo puesta mi fe en el partido que represento para que esto ocurra, ya que la UE ha demostrado y demuestra cúal es su determinación. Sin ningún lugar a dudas (si no cambia de actitud) forma parte del problema, lo implementa y no quiere o es incapaz de solucionarlo.

Sobre Europa pende la espada de Damocles de su propia aniquilación en tanto en cuanto sus principios fundacionales. O no hemos querido aprender nada en el último siglo,

 

 

o estamos aplicando lo peor de lo aprendido.

 

 

Ramón Rodríguez Casaubón

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