Opinión
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Dentro de unos años, hará o se cumplirá dos mil años del proceso y juicio y muerte del Nazareno. Para muchos también la Resurrección del Jesús de Nazaret.

Podríamos indicar, que en dieciséis hora, el tiempo que duró diríamos el juicio-condena cambió el mundo. Podríamos indicar, sintéticamente una serie de hechos: Cenáculo, Getsemaní, Anás, Caifás, Pilatos, Herodes, Pilatos, Gólgota. Pongamos una hora desde las seis o siete de la tarde/noche del jueves, hasta las tres de la tarde del viernes. Veinte horas que cambiaron el mundo. Para muchos, después, resucitó. 

Llevamos dos mil años, la humanidad, especialmente Occidente, intentando entender y comprender dicho proceso-juicios-acontecimientos-hechos-interpretaciones-realidades-causalidades-finalidades. Reitero, que yo apenas sé nada de estos acontecimientos… 

Yo, parto del hecho, que si yo hubiese sido judío de su misma época, de la clase alta (saduceo, fariseo, escriba), y, desde luego, hubiese pertenecido al Sanedrín, posiblemente, yo lo habría también condenado a muerte. 

Yo, parto del hecho, que si yo hubiese sido judío de la misma época de la clase media o baja, lo habría tenido como un profeta, no me habría metido en esas cuestiones de si era o no era Hijo de Dios, sino como un gran Profeta, una gran tradición en Israel, y, yo como persona del pueblo, ese Profeta me podría hacer bien, me podría curar potencialmente de una enfermedad, por tanto, habría sido partidario suyo, en un grado mayor o menor, posiblemente menor, solo como profeta. 

Yo, parte del hecho, que si hubiese sido del Círculo Máximo de la Autoridad Romana en Jerusalén, hubiese tenido una postura, difícil y ambivalente, algo semejante a la de Pilatos, por un lado, no quería una revuelta y revolución, entre otras cosas, no tenía suficientes soldados para erradicarla, sin un baño de sangre importante; por otro lado, son cuestiones judaicas de religión, que los romanos no entraban; pero también en otra vertiente, nunca puedo oponerme al Emperador, por lo cual, quién sabe, si terminaría enterándose de las realidades que sucediesen, por lo cual, podría haber intentado que se hubiese salvado, pero al final, verme en la obligación-dilema de condenarlo. 

Siempre se ha indicado que hubo dos Juicios, uno el que podríamos denominar, si es que es cierto, que siguió esos pasos-palacios-casas, Anás-Caifás, otro el de Pilatos, en dos fases, y, en medio el de Herodes. Yo, modestamente, pienso que hubo tres juicios o tres procesos, o un Proceso con tres juicios. Cada uno con sus fases. (Y, si el testimonio o idea de Emmerich, es verdad, en casa de Caifás, hubo dos, uno de noche, y otro de día, según la ley judía). 

Cuando Pilatos envía al Nazareno a que lo valore Herodes, lo envía con todas las consecuencias, que lo juzgue y lo sentencie. Si Herodes, lo hubiese dejado libre, Pilatos habría admitido dicha sentencia, si Herodes, lo hubiese mandado condenar, lo habría admitido esa sentencia. Si Herodes lo hubiese enviado a Galilea esposado o lo hubiese dejado libre en Galilea, pienso que Pilatos, lo hubiese aceptado. Lo cual, me lleva a pensar, que en el palacio de Herodes, el Nazareno sufrió otro juicio. Él, no contestó nada, y, Herodes, lo sentenció como una persona loca. Posiblemente, ya aprendió que no debía asesinar a otro Profeta, ya lo había hecho con Juan. Dijo que estaba loco, pero sabía que no lo estaba. Por tanto pienso que hubo tres juicios y tres sentencias –evidentemente, afirmación que los expertos deberían analizar e investigar, ya que yo soy un lego en estas materias-. 

Denomino Juicio de Anás-Caifás-Cárcel-Caifás, porque, existen indicios, que pudo pasar esos tres pasos o niveles. Primero, fue a la Casa de Anás, hubo un primer interrogatorio. Segundo, fue a la casa   de Caifás, y, ya definitivamente, sucedió el segundo interrogatorio. En ese intermedio según Emmerich, fue llevado a la cárcel de Caifás, abajo del palacio. Y, hubo un tercer interrogatorio-juicio de día, al amanecer –según la ley judía-, que fue el definitivo. Interrogatorios, que fueron juicios asistemáticos, porque cada parte, tomaba una posición. Ninguno, lo dejaba en libertad, sino que proseguía el proceso, y el proceso hacia la muerte. (Aunque yo, me he preguntado muchas veces, quizás, cuestión sin sentido, si antes de ir a la Casa de Anás, no pasó por la de Caifás, aunque sea brevemente…).  

En caso de Pilatos, a mi modo de ver, hubo también dos interrogatorios, si no hubo tres, interrogatorios-juicios. El primero, que dedujo e indujo, que era una persona inocente, que eran cuestiones religiosas, y, que una sentencia de muerte, solo le causaría, nada más que problemas, además de ser injusta. Diríamos que llegó a la conclusión que era inocente. 

En ese intermedio, lo envió a Herodes, pensando que él lo juzgaría, tomaría una decisión. Pero volvió otra vez, a Pilatos. Y, lo volvió a interrogar-juzgar, y, dedujo, la misma sentencia, pensó que era inocente, pero “lo flageló”, castigo o sentencia, grave, pero, para muchos,  si se empleaba esta sentencia-castigo, ya no se le podría realizar más sufrimiento. Debería dejarlo libre. 

Tomó la decisión, de presentarlo al pueblo, parte del pueblo, que estaba en el atrio del Palacio de Pilatos, del Palacio romano. Entonces, se produjo, el tercer juicio de Pilatos, buscó la solución de que el pueblo tomase la decisión, en este caso, parte de ese pueblo, expresó, que se soltara a Barrabás, y se sentenciará a muerte de crucifixión al Nazareno. 

Aquí hay que indicar, pienso que siempre hubo un error de perspectiva histórica, en el patio-atrio de los Cuarteles Romanos de Jerusalén, al lado del Templo Judío de Jerusalén, solo pudieron estar entre trescientas o quinientas personas, por indicar un número, y me parece mucho. Por tanto, una parte de ellas, estaría por la liberación del Nazareno, otra parte, por la de Barrabás –suponemos que hubo una conjura popular, se llamó a los partidarios en contra de Jesús, que se acercaran al Pórtico del Palacio Romano de Pilatos-. 

En ningún momento, hay que pensar que fue condenado por la mayoría del pueblo judío, ni siquiera por la mitad. Yo, pienso y opino y percibo y siento, que si el Domingo de Ramos, fue alabado por el pueblo, sin entrar en los significados de esas realidades, la mayoría del pueblo judío, jamás, iba a sentenciar a muerte a un Profeta que había alabado y vituperado y aleluyado unos días antes, -sin entrar en el problema de Hijo de Dios, etc.-. 

Porque el pueblo, yo, yo soy parte del pueblo, no conocemos demasiadas especulaciones teológicas, y, preferimos mil veces, un profeta que nos da buenos consejos, aunque no los cumplamos, y, sobretodo nos cura, hace milagros, signos portentosos, nos da esperanza. Por tanto, la inmensa parte del pueblo judío, aunque no pensase que era Hijo de Dios, pensaban que era un Profeta, un Gran Profeta, un regalo de Dios, a su época. Por tanto, no lo condenarían a muerte. Fuese Mesías o no lo fuese… Por tanto, el pueblo judío no condenó a muerte al Nazareno, solo unas docenas o cientos que se agruparon en el atrio del Cuartel Romano de Jerusalén… -Ya, conocemos suficiente, como en la historia se producen los cambios políticos, por una minoría, que se apalanca en determinadas situaciones…-. 

Ya, hemos agotado las mil palabras. Pienso que Jesús de Nazareth, desde que mostró e indicó que era Hijo de Dios, cosa imposible de admitir para un monoteísta de esa época. Desde ese momento estaba condenado-sentenciado a muerte. Lo demás, pienso que es añadidura, que hiciese grandes milagros, que resucitase muertos, que diese de comer a cinco mil, que hablara mal de los sacerdotes o fariseos, que tirase cuatro mesas de cambistas en el templo, etc. Todo eso, no digo que no tiene importancia. Porque si no hubiese hecho grandes milagros, habría sido tomado como un asceta-profeta loco, que andaba por el desierto. 

Pero desde que expresó que era Hijo de Dios, igual al Padre en su divinidad, que estaba a la derecha del Padre, esto es imposible de admitir y entender y comprender, para la teología judía de la época. Desde ese momento estaba condenado a muerte. Y, desde ese tiempo, un año o dos años antes de la muerte real, ya estaba condenado a muerte, sentenciado a muerte, solo estaban buscando la ocasión. Y, la ocasión llegó un Jueves Santo por la noche, entre el Jueves Santo y el Viernes Santo. 

Y, reitero, dejemos de echar la culpa a los judíos de todo esto –y, yo no soy judío-. Yo, yo mismo digo y lo digo, si hubiese sido del Sanedrín, posiblemente, yo, yo también lo había condenado, si hubiese sido del pueblo judío, lo habría tomado como Profeta, y no lo habría condenado, si hubiese sido del Círculo de Poder de Roma en Jerusalén, habría tenido una postura semejante a Pilatos y su entorno. No somos mejores que aquellas personas, no somos peores. Somos pecadores como esas personas, quizás, igual o más que ellos. Porque nosotros, al menos, ya se ha aclarado en mucho, toda la tormenta de aquella época en estos dos milenios... Paz y bien. 

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Ceuta, Miercoles 25 de Mayo del 2022

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