Opinión
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Es la otra cara de la moneda de muchas familias ceutíes que no pueden pagar los libros de sus hijos.

Por ejemplo, Ana tiene nueve años y aún no tiene ningún libro de texto. Su madre vive de un trabajo en la limpieza de hogar y gana lo justo para pagar un alquiler, el cual paga con mucha dificultad, ya que los alquileres no son nada baratos en nuestra ciudad y mantener a Ana y otra hija más, resulta todo un verdadero milagro, además su marido se encuentra en situación de desempleo. Se trata de una familia convencional, subsisten sin lujo alguno, controlando todos sus gastos para no sobrepasar el límite de una economía paupérrima, sin capacidad alguna de afrontar el dispendio que supone el comprar libros de texto, por lo que Ana y su hermana tienen que empezar el curso en una situación de vulnerabilidad y desventaja social.

Esto no es el relato de una película ni de una obra de teatro, es real como la vida misma. Según uno de los informes de Save the Children, durante los pasados años, el gasto medio en la enseñanza por hogares se ha podido incrementar en más de un 30,8 por ciento, superando los 380 euros por hogar y niño, una cifra muy preocupante porque no todos los padres pueden hacer frente a estos gastos, por lo que queda en entredicho que la educación sea gratuita y universal, saliendo al descubierto las grandes diferencias, desde bien pequeños entre unos y otros. Creando límites y topes a edades demasiado tempranas.

En otras ciudades del país, en primaria y en secundaria existen programas de gratuidad en los libros de texto y me pregunto porqué aquí no lo son. En Navarra, la ayuda para la compra de material se la dan al centro. Sin duda alguna la comunidad foral nos lleva mucha ventaja y desde luego se trata de una iniciativa bastante interesante para trasladarla aquí.

Una ayuda de poco más de 100 euros de poco sirve y muchos padres se preguntan si comen o pagan el material escolar y los libros de texto de sus hijos. La tasa de analfabetismo y de abandono escolar en Ceuta es de las más altas y no colaborar con las familias en más ayudas para que sus hijos no se sientan diferentes al resto, no ayuda. Los niños no tienen la culpa de haber nacido en el seno de familias sin posibles. Ellos no deben sentirse distintos. No tienen que conocer la discriminación porque sus padres no tienen trabajo o perciben un salario bajo. La Administración es la que tiene que evitar que esto ocurra y para ello debe incrementar más ayudas. Que tengan la oportunidad de estudiar todos por igual y no solo los hijos de los ricos tal y como ocurría en España durante el Franquismo.

Brechas sociales que la propia Administración fomenta, porque existe una realidad y es que además de que existen muchas personas en riesgo de exclusión hay familias que cobran 450 euros de ayudas que viven en la pobreza.

La educación debe ser igual para todos y no se puede obviar a esos niños a los que les da vergüenza acudir a las aulas sin el material necesario. Se sienten diferentes al resto y aquí es donde se marcará y definirá desde bien temprano la autoestima y el futuro de estos jóvenes.

Invertir en la educación de un país no debe mirarse como un gasto, sino en el enriquecimiento de sus generaciones.

José Antonio Carbonell Buzzian

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Ceuta, Martes 27 de Septiembre del 2022

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