Opinión
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Cualquier realidad que toca/roce el ser humano la cambia. Y, como un individuo o familia o grupo es similar a otros, y diferente a otros, todo lo que besa lo cambia.

Recuerdo a Ortega, cuando ya hace décadas, tuve una asignatura sobre dicho autor, no recuerdo ya bien, si fue cuatrimestral o anual, creo que cuatrimestral, uno sobre Ortega, otro, sobre Albert Camus. Y, recuerdo, no sé si en aquella ocasión, o, quizás, algunas de las tantas veces, que antes y después, he ido a beber de sus aguas. Porque ahora, en el articulismo patrio no se recuerda lo suficiente, ni a Ortega, ni menos a Unamuno, ni a Eugenio D´Ors, y, todas las generaciones, no sé si estas últimas ya no, beben y han bebido de ellos. No sé, si es la muerte simbólica del padre o del abuelo o bisabuelo literario y filosófico, pero ocurre demasiadas veces. Cosa que debo señalar para que usted, se plantee, de dónde le vienen algunas de sus ideas o conceptos… 

Decía que recuerdo a Ortega, cuándo fue capaz de realizar una glosa o columna comentando solo el marco de un cuadro. Pues, hoy, estamos en una situación semejante. Si pudiésemos percibir al mismo tiempo, todas las mesas, de todas y cada una de las Navidades, de cada persona y de cada entidad o de cada hogar. Nos encontraríamos, quizás, con diez o doce modelos posibles. Pero al mismo tiempo, cada una con alguna diferencia. En algún hogar serán los cubiertos de plata y en otros de madera, en aquello se degustará con alegría, en otros con tristeza, por cualquier acontecimiento presente o cercano en ellos. En casi todos, siempre falta algo, un ascendiente o un descendiente… 

En este periplo que voy recorriendo, una especie de Marathon, del articulismo, hoy le ha tocado al ya veterano Antonio Burgos, que en el ABC de Sevilla, publicó Mesas sin manteles, el 29 de diciembre del 2022. ¿Cuántos miles de artículos y columnas habrán pasado de la cabeza del señor Antonio Burgos al papel u ordenador, y, de éste al público, sea en forma del periódico de papel, o, y, en digital? ¿Lo mismo diríamos de todos los articulistas de esa generación, Ansón, Ussía… digamos de la generación anterior a la guerra civil, o de la generación de después de la guerra civil, algunos las denominan de los años cincuenta…?  (No tengo que reiterar la enorme necesidad de un centro virtual que documente y estudie el articulismo o, y, el periodismo de estos dos últimos siglos aquí en estos vergeles y secarrales…). 

Los humanos necesitamos el descanso, necesitamos la fiesta, necesitamos el ocio, no puede todo ser deber y trabajo y obligación. Necesitamos evadirnos despiertos, estando en vela, para que la mente se equilibre. Y, además en el asueto, se cumpla la función y la finalidad de cumplir otras funciones, conocer a otras personas, conocer a hipotéticas conyugues –dicen que en la prehistoria existían encuentros, quizás en primavera o, y, en otoño, que todos los grupos humanos de una distancia adecuada, se reunían, quizás, los primeros ritos religiosos en común, quizás las primeras peregrinaciones, quizás las primeras procesiones, y, suponemos como en todas, degustarían alimentos, se transmitirían ideas, se realizarían matrimonios…-. 

Durante muchos años, por cuestiones laborales, o cuestiones de servicio militar, no estabas todos los grandes días de fiesta de Navidades en tu casa, degustando la presencia de los más cercanos al corazón, sino que tenías que estar realizando un servicio, fuese alrededor del 24-25 de diciembre, fuese el 31 diciembre o uno de enero, o fuese entre el cinco y el seis de enero… Ahora, que ya estoy en la Tercera Edad, pues ya, puedo asistir a todos los acontecimientos de fiesta y feria y comidas y presencias… 

A veces, pienso que existen, entre otras clasificaciones, dos grupos de personas, los que han podido asistir, todos esos días de fiesta a las reuniones familiares, y, aquellos que por diversas causas, también enfermedades, no lo han hecho. Que siempre, en ese periplo de tres semanas, siempre han faltado algún día o algunos, alguna comida, alguna cena… 

En el fondo, todo ser humano necesita acurrucar y besar y acariciar su propio corazón. Se equivocan muchas ideologías y culturas y filosofías, cuándo no se percatan, que muchos males, no solo no vienen de que no se tiene estima mínima al otro, sino porque se dispone de poca autoestima y de estima propia suficiente… quererse y amarse de forma correcta y adecuada en verdad y bien y bondad y belleza a uno mismo, es uno de los ejercicios más difíciles. 

Raramente se podrá estimar a los otros, reitero estimar y, después, según multitud de realidades, esa “estima del otro”, sea diversa, según lazos de sangre o de amistad o humanidad. Raramente se podrá estimar de forma adecuada al otro/a, si no se estima de forma adecuada y verdadera y bondadosa a sí mismo. 

Amarse y estimarse y quererse de forma adecuada a uno mismo, en uno con uno mismo, es intentar no caer en la lujuria, avaricia, envidia, cólera-ira, gula, soberbia, vanidad, acidia-pereza… Si uno, no cae con uno mismo, en algunas de esas realidades psicológico morales en si mismo y consigo mismo, no proyectará esas realidades negativas con otros… -cercanos o lejanos o medianos-. 

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Ceuta, Sábado 04 de Febrero del 2023

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