Opinión
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Hace un tiempo, realizando los trabajos propios del inventario topográfico del Archivo Intermedio Militar de Ceuta (AIM), hallé en el depósito del Acuartelamiento González-Tablas, entre los innumerables tesoros del enorme fondo de la II Bandera de La Legión, una carpeta referente a Rosario Vázquez Fernández, la mítica enfermera legionaria.

A diferencia de los legionarios, en el AIM de Ceuta no se conserva su hoja de filiación, quizás porque nunca la tuvo; sino un expediente personal de baja o “expedientillo”, que consta de 54 documentos que van de 1946 hasta 1962, y se refieren al desarrollo de la famosa derrama que La Legión le concedió en su vejez. Fundamentalmente son cartas de Rosario mecanografiadas o escritas a mano, casi siempre de distinta letra y rúbrica; y por otra parte, se conservan oficios y comunicaciones de La Legión desde Dar Riffien.

Reconstruir la vida de Rosario Vázquez no es nada fácil. Al faltar su hoja de servicios, desconocemos por completo de datos personales básicos como su fecha y lugar de nacimiento, así como tampoco podemos recapitular con gran nivel de detalle las vicisitudes militares concretas y las condecoraciones de las tres campañas en las que participó. A causa de esta escasez de fuentes documentales, apenas se han escrito reseñas y artículos sobre Rosario, resultando tremendamente complejo contrastar su vida con el correspondiente soporte documental que lo acredite. Lo cierto es que Rosario ha pervivido en el recuerdo a través de la tradición legionaria, la historia oral y un par de fotografías.

Ingresó en La Legión en 1922 y siguió a la II Bandera durante la Guerra del Protectorado. Era enfermera de plantilla con derecho al uso del uniforme militar, la primera mujer en el Tercio autorizada a llevar la camisa y prenda de cabeza, así como al rancho y haberes. De este modo, siguió el itinerario de la II Bandera durante muchas de las operaciones que permitieron la recuperación del territorio perdido tras el Desastre de Annual, el repliegue a la línea Estella en 1924, y las operaciones que siguieron al Desembarco de Alhucemas en 1925 hasta la victoria final en 1927. Una reconstrucción exacta de dicho itinerario se puede llevar a cabo por medio de los Diarios de Operaciones existentes.

Según un artículo de Alicia María de los Reyes García Fernández y María Victoria Santos de Martín Pinillos publicado en la revista Tierra, Mar y Aire, en la posición de Rogar-Gozan en T’Zenin sufrió un cerco de varios días en los que resultó herida y se negó a ser evacuada, siendo propuesta para la Medalla Militar Individual.

En otra ocasión en la ribera del Río Martín, concretamente en Los Cañaverales, donde se había instalado un puesto de socorro, Rosario se topó a escasa distancia con una fuerza enemiga infiltrada en la retaguardia vistiendo uniformes de Regulares y dispuesta a asaltar la posición española, por lo que dio la voz de alerta, permitiendo a los legionarios reaccionar a tiempo y desbaratar la acción. Por ello se le recompensó con una Cruz al Mérito Militar con Distintivo Blanco, que se concedía «por méritos, trabajos, acciones, hechos o servicios distinguidos, que se efectúen durante la prestación de las misiones o servicios que ordinaria o extraordinariamente sean encomendados a las Fuerzas Armadas o que estén relacionados con la Defensa».

En el sector de Mexerat organizó un hospital de campaña donde se cree que atendió a más de doscientos heridos, actuación que le valió otra Cruz al Mérito Militar con Distintivo Blanco.

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David López-Villalta Lozano

Cuerpo Facultativo de Archiveros, Bibliotecarios y Arqueólogos del Estado

Centro de Historia y Cultura Militar

Archivo Intermedio Militar de Ceuta

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Ceuta, Domingo 26 de Junio del 2022

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