Opinión
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Filósofa y pensadora y escritora y carmelita y judía y mártir y mujer y profesora y patrona de Europa y santa canonizada por la Iglesia Católica, Edith Stein, (Breslau, 1891, Auschwitz, 1942).

¿Cómo hacemos que el mal individual y colectivo de la persona, pesonas, colectividad-sociedad disminuya, se ralentice en cantidad y calidad…? Esta sería una de las grandes preguntas, que diríamos este artículo se hace, y que usted, debe intentar contestar, la humanidad lleva con esta realidad, tanto tiempo, que quizás, estemos tentados a no hacernos preguntas, a no racionalizarlo, a no combatirlo. 

Podríamos denominar el mal, como de tres grandes clases-tipos-áreas, el mal instrumental, el mal moral-ético, el mal espiritual. Dentro de cada una, existen otras variedades, y en la práctica, diríamos que los tipos de males se combinan entre sí. El mal instrumental, si seguimos a Leibniz, sería la deficiencias de la realidad, los limites y limitaciones humanas y de la naturaleza, la limitación ontológica de la naturaleza y del ser humano. Pero también, aquí entrarían las deficiencias en todo tipo de realidades, por ejemplo, “no conocemos la cura del cáncer, o ahora, totalmente, la cura del virus que produce esta epidemia mundial”. 

Dentro de los males morales y éticos, serían todos los males causados, por las deficiencias humanas morales y éticas, malas concepciones sobre el bien o el mal, o malas prácticas o acciones sobre el bien o el mal. 

El mal espiritual, dentro del cristianismo y de las religiones monoteístas occidentales, sería el mal que el Tentador causa en la especie humana, que lo tienta-induce-sugiere para que caiga en el mal. 

¿Además de las legislaciones vigentes hay que preguntarse si el ser humano necesita una moral mínima universal? ¿Quizás, uno de los orígenes y causas del mal, se deba, a que en estos dos siglos, especialmente, con un color o con otro, con unos matices y otros, una serie de pensadores y filósofos, extendido a escritores, intelectuales, artistas han estado defendiendo una moralidad individual, o dicho de otro modo, una moralidad totalmente subjetiva, que cada uno, fija el bien y el mal, en la realidad? ¿Utilizando concepciones de autoidentidad, de personalidad, de conciencia propia, de convicción, de libertad, etc. ¿ 

¿Pero este sería el gran problema o uno de los esenciales, se puede aceptar y mantener, una subjetividad en la moralidad, combinada con una objetividad…? ¿Existe una moralidad, al menos mínima y esencial y fundamental, aplicable para todo ser humano, sea de una etnia o de otra, de una cultura o de otra…? ¿Las grandes normas morales de la humanidad, de corte, casi siempre religioso, esos mandatos-normas-mandamientos universales, son universales, mínimos y esenciales para la humanidad…? ¿No robarás, no matarás, no adulterarás, no darás falso testimonio, etc., son los pilares, para la moralidad de cada individuo, de sociedades, Estados, culturas, de todos los tiempos y de todos los espacios…? 

Quizás, al no admitir, estos mandatos universales, expresados de una manera u otra, tanto en Oriente como en Occidente, son la base de una multitud enorme de males, porque primero, hay que aceptarlos teóricamente, después, aplicarlos en la práctica. No es lo mismo, la persona, que admite el no caer en la ebriedad, y en un momento, por debilidad, cae en la ebriedad. 

Todos los relativismos morales, hedonismos morales, subjetivismos radicales morales, materialismos morales, epicureísmos éticos son la base de la inmoralidad, amoralidad, antimoralidad individual, colectiva, grupal, social, cultural que se ha hibridado en la sociedad y humanidad, y es la fuente de multitud de males. 

¿Cuándo Stein falleció en agosto de 1942, supuestamente en un crematorio de Auschwitz, en esas dos semanas aproximadamente, que pasó desde que fue detenida en su convento de clausura, en esa tragedía de varios días, en ese Gólgota de unas cientos de horas, no solo se le mató y asesinó y quemó, sino que se le violaron multitud de derechos humanos, ya admitidos en su época, se le sacó de su casa, se le metió en la cárcel, se le encerró en varios campos de concentración, se le torturó posiblemente, se le metió en trenes, se le quitó la libertad mínima de tod apersona, no se le juzgó por ningún delito, se le obligó posiblemente a quitarse su ropa, se y se y se…? 

¿A Stein, y a millones de personas, no solo se le asesinó, sino que le abolieron, en unos días, semanas o meses, una multitud de derechos humanos? ¿En definitiva, una multitud de normas morales mínimas, que toda persona tiene como deber y derecho, que toda persona merece, que toda persona merece de los demás…? 

¿Podemos pensar, que aunque la moralidad debe evolucionar teórica y en la práctica, también debemos aceptar, que sin una moralidad mínima, sin esos mandatos universales morales, que todo el mundo tiene el derecho y el deber de cumplir, la tierra se llena de sufrimientos, muertes, crueldades, en mayor o menor grado? ¿Sin una moral mínima, sin seguir esos mandatos o normas mínimas, que en general, son iguales o idénticos o similares, en todas las tradiciones culturales y religiosas y metafísicas del mundo, el ser humano está abocado a cometer enormes errores, y por tanto, a sufrir enormes sufrimientos, y, quizás, incluso ponerse al borde de la extinción…? 

Eurasia, en el siglo veinte, bajo una bandera u otra, desde una fecha aproximada de 1920 a 1970, se llenó de campos de concentración, estudiemos el problema del mal, la maldad, lo malo, el Mal, si deseamos no volver a caer en los graves errores. Mientras tanto, si puede, lea una biografía de Stein, en forma de libro o letras o en forma de documental. Paz y bien. 

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Ceuta, Domingo 24 de Octubre del 2021

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